De concertista en Cuba a mendigo en Miami

Publicado: 2 marzo, 2011 en Cuba, Miami
Etiquetas:, , , ,

Hoy más que escribir nada me inspiro a publicar este texto dejado en el blog a forma de comentario por su propio autor. Y lo hago precisamente porque considero que esta conmoverdora historia debería ser leída por cada cubano  residente en Cuba, en Miami, y porqué no, en cada ciudad de este mundo donde por diferentes motivos se encuentre alejado de esta bella isla alguno de nuestros compatriotas.

La historia es real, y desde ya, como vecino del capitalino municipo La Lisa, me comprometo con Marcos Jesús Concepción Albala a dar respuesta a la incógnita existencia de este artista, a reencontrar a ese personaje balsero que una vez fue rescatado de los oscuros pasillos del infierno de Dante.

La historia habla por sí sola…

Carlos Alberto Pérez
“La Chiringa de Cuba”

Crónicas: Concertista desconcertado

El autor y el balsero

Por Marcos Jesús Concepción Albala
‘BALSERO CUBANO PIDE DINERO PARA COMER’… Así rezaba una cartulina que un joven, a punto de mediodía, con sol sofocante, levantaba con sus delgados y frágiles brazos sobre su cabeza, mal vestido y con físico cansado, con un característico brillo en la piel por no haberse aseado por varios días, con sus ropas ajadas y sucias y los zapatos rotos…
Bajando del ‘expressway’ de la 836 en dirección al centro de la Ciudad de Miami, me dirigí hacia la Ave. 27 del SW, y en la esquina de Flagler, me encuentro a este compatriota con su cartel, pidiendo dinero para comer… En Miami balsero es sinónimo de cubano… y es muy común ver en las intersecciones de calles y avenidas concurridas, a estos seres humanos pidiendo limosnas, lo mismo en sillas de ruedas que con muletas o bastones; ancianos y jóvenes, hombres y mujeres, cartelitos en mano con faltas de ortografías, rondando los autos en sus paradas obligatorias, pidiendo comida o dinero, lo mismo en inglés, creole o en español, pero lo que no es común es leer un cartel como el que estaba leyendo en la Ave. 27 del SW y Flagler, en un caluroso mediodía, donde la temperatura rondaba los 100 grados, muy bien escrito y sin faltas de ortografía: ‘BALSERO CUBANO PIDE DINERO PARA COMER’. Detuve mi auto en el mismo lugar donde se encontraba mi compatriota con su muy bien presentado cartel. Bajé la ventanilla de mi auto y le pedí que se montara en el asiento de atrás. El balsero como que se frisó, o no lo creía, o tuvo miedo… el balsero no entendía nada de lo que le estaba sucediendo por la mirada que me dirigió. Tuve que repetirle más de tres veces que se montara en el asiento de atrás, pues los impacientes choferes a los que les interrumpía el paso, empezaron a tocar sus ‘bocinas’, y por supuesto, aquello a la vista de los que no sabían lo que estaba ocurriendo, no dudo que llegaran a pensar que era un policía quien conminaba al balsero a no pararse en esa esquina.
Por fin mi balsero subió al auto, temblando, confuso, no reparó en nada. Yo lo observaba por el espejo retrovisor. Él me miraba fijo. Su enorme cartel casi no cabía en la parte de atrás y el mal olor inundaba el pequeño espacio con aire acondicionado. ¿Cuántas preguntas se habrá hecho mi balsero cuando estaba dentro de mi auto?
En 1991 fundé la Editora ‘ArgosIs-Internacional’. Entonces un grupo de compañeros colaboraron con la empresa para producir mi primera revista en Miami, ‘Política Criterios de Actualidad’, de la que sólo pude editar dos números. No prosperó por su estructura editorial, pues cometimos el error de publicar las dos versiones políticas que compiten aquí en Miami, una a favor de la Revolución cubana y la otra que sustentan las primeras oleadas de inmigrantes desde los 60s… ‘Boicot’ total… La Editora publicó solamente dos números. Luego salimos al mercado con una segunda revista, ‘Argos Iberoamericana’. En esta sucedió un milagro, pudimos mantenernos en el mercado por 12 meses, doce números, pero con una línea Editorial socialista…
No olviden que esta historia es desde la Ciudad de Miami, que nombro tal y como aparece en la división/política/administrativa, CIUDAD DE MIAMI. Pero a un sector, a ese que su ‘reloj’ se le detuvo en la muñeca, y que no ha tenido la voluntad de darle cuerda, es la ‘Republica de Miami’. Nosotros, para no quedarnos rezagados en esta equivocada percepción, es decir, el sector de los ‘bonchistas’, la llamamos la ‘Provincia 15’ de la Republica cubana… ¿se imaginan, verdad, lo que es en realidad la Ciudad de Miami?
Sigamos, pues, con nuestra historia de balsas… y balseros… La Revista ‘Argos Iberoamericana’, de tirada mensual, tenía una Sección titulada ‘El Balsero’. En aquel momento los balseros eran una gran noticia. De ahí que decidimos hacer un cuestionario fijo para las entrevistas que les hacíamos a los balseros recién llegados y un mismo modus operandi. Por ejemplo, cuando los entrevistábamos no publicábamos de inmediato, lo hacíamos unos 3 meses, más o menos, después, si lográbamos localizarlo para hacerle las mismas preguntas. Al cabo de ese tiempo, sus respuestas eran totalmente diferentes. Veamos… y para no dejar a un lado a mi poderoso Balsero de la 27 Ave. del SW y Flagler, les publico aquí algunas de las preguntas (y respuestas que no tuvieron cambios significativos, sólo los necesarios para lograr entender este enredo en que nos encontramos los cubanos de la parte de acá, sobre todo, los de última generación, digamos, a partir del Mariel…)
– ¿Cómo se vive en Cuba?
– Primera Respuesta: ‘De madre hermano, de madre… tremenda hambre… tremenda necesidad… nada hay, ni un clavo para guindarse… no se puede ni hablar… nada se puede hacer… todo está controlado por la policía…
– Segunda Respuesta: ¿Qué cómo se vive?, ‘na’, mejor que esto aquí, de madre esto… allá a esta hora estaba haciendo lo que me daba la gana…
– ¿Y tú, como vivías? ¿Cómo vivía tu familia en Cuba?…
– Primera respuesta: ‘argollao’… pa’que contarte, de madre… duro, todo muy duro, pero ya llegamos… y a vivir…
– Segunda respuesta: No, yo no, ni familia tampoco… Yo si me la buscaba abajo de la tierra… Yo me la jugaba… En mi refrigerador no faltaba la tropi-cola, ni la cerveza, ni los cigarros, ni el ron… nada nos faltaba, nosotros si vivíamos bien… Teníamos hasta un aire acondicionado en la habitación… Es más, teníamos más cosas allá que aquí… allá teníamos más tiempo, aquí no tienes tiempo ni para sacarte un moco de la nariz… Porque la realidad es que esto aquí si es un ‘comunismo’ organizado… Allá te vigilan los CDR y aquí el dueño de la Empresa donde tú trabajas, no te deja ni mirar a los lados, y te vigila como un policía… Esto mi hermano no es la ‘Yuma’, esto es la ‘llama’… aquí si hay que pinchar (trabajar) de verdad y duro, muy duro, sino te mueres de hambre, y de enfermarte nada, no te puedes enfermar, porque hasta el entierro cuesta una fortuna, y le han dicho a mi mujer que si no tienes dinero para la caja de muerto, para quemarte cuesta también dinero… No, yo le he dicho a mi mujer que me tire al mar y que no gaste ni un centavo en quemarme si muero primero… Ya se lo mande a decir a mi hermano en Santa Clara, que no se atreva a coger la balsa, que esto aquí esta del carajo, aquí no se vive…aquí se sobrevive y sin respirar… Sueño americano, mierda americana…
Me detengo en el parqueo de un restaurante de comida rápida. Le pregunto a mi balsero si tiene de verdad hambre. “Sí”, es su respuesta.
Nos sentamos en el restaurante y comió con hambre, con mucha hambre. No lo interrumpí mientras devoraba sus alimentos. Se tomó dos vasos grandes de gaseosa, pero me llamó la atención la forma en que comía, con tanta educación… Yo también, por supuesto, pedí de comer. No interrumpí su almuerzo, solo lo observaba. Sus modales sobre la mesa no me parecieron de un simple ciudadano sin educación, sin estudios. Antes de sentarse a la mesa, fue al baño a lavarse las manos, lo que no hice yo… Cuando terminó de almorzar, me pidió permiso para ir al baño. Y por supuesto, también su forma de expresarse, no se correspondían con su situación en ese momento. En fin, mi sorpresa, las muestras de su educado comportamiento, me llevaron a especular que mi balsero no era un ciudadano común y corriente.
Realmente mi intención era hacerle la entrevista, pero fue tan grata la conversación, y tan triste para mí conocer su realidad, que con él construí un proyecto, un pequeño plan. Porque en ese momento estaba en presencia de algo inaudito para mí. Estaba frente a la historia oculta que un día saldrá en masa gritando que todos fuimos víctimas de una farsa, orquestada por los más inteligentes. Históricamente los ‘inteligentes’ han planificado la ignorancia de la humanidad.
Hablamos de su familia, de su mamá, su fallecido padre y de dos hermanos y dos sobrinos que tenía en el habanero barrio de La Lisa. Me confesó que era concertista de música clásica. Se había graduado en la Escuela Superior Nacional de Música de La Habana en la especialidad de guitarra de concierto. Entre sus tristezas, amén de extrañar su familia, su barrio, su gente, estaba su guitarra, que no dejaba de mencionar. Le prometí que le regalaría una. En la conversación, recibí una sorpresa más: la guitarra, su vieja guitarra, estaba a solo unas cuadras de donde estábamos almorzando, pero empeñada… y que era verdad que pedía dinero para comer, pero no tanto para comer, como para liberar a su guitarra del empeño de $300.00 dólares/usa, por los que la había comprometido, pues hacía más de 2 meses que no le pagaba los intereses a la casa de empeños.
Fuimos directo a la Casa de Empeños. Hablé con el propietario y verdaderamente es una lástima no poder contar con su nombre, porque cuando le expliqué las razones para que mi balsero se pudiera llevar su guitarra, me respondió: “sólo dame 200.00 dólares, no le cobrare los 100.00 faltantes, ni tampoco los intereses de los 60 días que dejó de pagarme”. Desde esta nota, le doy las gracias a ese también cubano, que colaboró en regalar un poco de felicidad a mi balsero. También debo agregar que dentro de tantas sorpresas para mí, en ese día tan bendecido por la vida, todavía albergaba en mí ciertas dudas acerca de la capacidad de mi balsero de poder sacarle a su vieja guitarra nota de alegría y de tristezas. En el parqueo de la casa de Empeños, ahí donde aparecemos en la foto, donde aparezco con mi balsero con su guitarra en manos, me preguntó: “¿Qué deseas oír?” Y le pedí que tocara una melodía, de la cual no recordaba su título, pero que al menos podía tararearle…‘déjame que te cuente limeña’… Y me respondió: “La Flor de la Canela”, de la peruana Chabuca Granda. Y no tardó en brindarme el mejor concierto que haya oído en mi vida, bajo un sol prestado y ardiente de nostalgia. Aquel balsero, con su harapienta ropa, su zapato roto, despeinado e inundado de sudor, no dejaba tranquilas las cuerdas de su vieja guitarra…
Mi balsero no pidió más limosnas para comer. Dejó de usar su harapienta ropa y sus rotos zapatos. Visité su hogar en la Lisa. Mi balsero regresó junto a su familia, con su mamá y dos hermanos, tras gestiones hechas por nuestro colectivo de la Editora ArgosIs-Internacional con el Ministerio cubano de Relaciones Exteriores.
No lo he visto más, pero estoy seguro que cuando lo vuelva a ver, no será en una esquina pidiendo limosnas. Y le volveré a pedir que cante La flor de la Canela. Estoy seguro que ya habrá olvidado la 27 Ave. del SW esquina a Flagler, de este inmundo y trastocado Miami.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s