Lo dice Ravsberg: La piedra en el camino

Publicado: 22 abril, 2011 en Cuba, Estados Unidos
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Cubanos en desfile por el 50 aniversario de la derrota de la invasión de Playa Girón. (Foto: Raquel Pérez)

Por Fernando Ravsberg
Dicen que la primera víctima de una guerra es la verdad y esa podría ser una de las claves para entender el diferendo entre Cuba y EE.UU. A uno y otro lado del estrecho de la Florida la información está tan politizada que apenas deja ver la realidad.
En la isla el problema es menos grave dado que los medios de prensa tienen poca credibilidad. Me atrevería a decir que gran parte de los ciudadanos saben que nunca se les cuenta toda la verdad, en particular si ésta afecta los intereses del gobierno.
Sin embargo, en la otra orilla existe una gran credulidad a la hora de consumir noticias sobre Cuba y no es algo nuevo. En estos días se cumplieron 50 años de la invasión de Playa Girón, cuyo fracaso se debió, entre otras cosas, a la desinformación.
Los invasores creían que el pueblo se rebelaría, dispersando a las fuerzas revolucionarias y justificando el ingreso de los marines. Uno de los jefes les aseguró incluso que les bastaría salir a la carretera y hacer autostop para llegar a La Habana.
Como todos sabemos en aquellos momentos Fidel Castro y su revolución gozaban de una enorme popularidad y es incomprensible que la CIA y la Casa Blanca no lo supieran. Me pregunto si habrán sido víctimas de su propia propaganda.
El error costó la vida de 100 invasores y la prisión a otros 1000, que sufrieron la posterior humillación de ser cambiados por compotas a EEUU. La invasión consolidó el liderazgo de Castro y empujó a Cuba hacia los soviéticos. “El fracaso perfecto”, tituló su reportaje mi colega Michael Voss.
Cuando me preparaba para viajar a la isla, allá por el año 1990, partía de la presunción de que cubriría tiempos extremadamente críticos para la Revolución Cubana. Evaluábamos incluso la posibilidad de vivir un conflicto interno violento.
Sin embargo, mi impresión cambió apenas recorrí las calles, hablé con la gente y escuché sus quejas. No encontré síntomas de ingobernabilidad. Algo no encajaba entre la información que manejábamos en el exterior y la realidad que veía en la isla.
Mis jefes me recordaron que había decenas de asilados en las embajadas. Pero se sorprendieron cuando les conté que a 100 metros de la sede española -ocupada por 20 refugiados- decenas de miles de cubanos bailaban en el carnaval.
En busca de contextualizar la realidad decidimos acompañar las noticias con información de fondo, reportajes sobre la santería, la censura, la juventud, la mujer, la inventiva y la vida cotidiana de la gente en medio de la crisis económica.
Pero la tarea no era fácil, los medios del exilio nos distraían haciéndonos correr por toda la ciudad tras falsos “levantamientos populares” y “Golpes de Estado”, con tanques de guerra avanzando por el malecón y ciudadanos inmolándose en plena calle.
Años después un periodista cubano estadounidense, que publica en el mayor medio del exilio, confesaba que “en Miami la labor de informar a la población se limita a un ejercicio en apariencia compasivo: se dice sólo lo que ésta quiere escuchar, ver y leer”.
Finalizando el siglo, en Florida y Washington se pierden las esperanzas de que la Revolución Cubana se hunda junto con la URSS. Apostaron entonces todas sus cartas a “La Solución Biológica” y empezaron una nueva ola de rumores.
El Comandante parecía disfrutarlo, cuando publicaban noticias de su muerte, desaparecía y apenas estas se intensificaban resurgía como el Ave Fénix. Una vez burlándose nos dijo que el día que se muriese de verdad nadie nos lo iba a creer.
En la prensa de Miami aparecían “pruebas irrefutables” de que padecía Parkinson. Castro invitó a cenar a un grupo de corresponsales y nos habló de pie durante media hora mientras sostenía, por la base y con solo 2 dedos, un vaso rebosante de “mojito”. No derramó ni una gota.
Medio siglo después de la invasión poco ha cambiado, siguen “matando” a Fidel Castro, exageran el descontento social, el peso de la disidencia, el número de emigrantes, el valor de las remesas, la crisis financiera y la escasez de alimentos.
Subestiman el apoyo popular con que cuenta el gobierno y anuncian protestas como las de Egipto. Finalmente cientos de miles de cubanos salen a la calle en abril pero, paradójicamente, fue para celebrar la derrota de los exiliados en Playa Girón.
Es sabido que el hombre es el único animal que tropieza 2 veces con la misma piedra pero parece exagerado pasar medio siglo en el mismo punto del camino, pateando la misma roca. No da buenos resultados, se avanza poco y se daña el calzado.
Nosotros preferimos gastar los zapatos explorando la idiosincrasia nacional de la mano de Fernando Ortiz, recorriendo la historia en busca de las raíces del presente y tratando de abarcar algo de esta compleja y rica cultura multirracial.
Pero por sobre todas las cosas, los gastaremos caminando las calles de Cuba, observando a nuestro alrededor, oyendo a la gente común para entender sus sueños, esperanzas y frustraciones. Esa es y seguirá siendo nuestra “fuente” principal de información.

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