¿La República del Negoceo?

Publicado: 6 mayo, 2011 en Cuba, Debate, Polémica, tradiciones cubanas
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Aunque no coincido del todo con los criterios o terminologías empleadas aquí por el autor, me parece un trabajo muy valiente y acertado dadas las circunstancias y los tiempos que se viven en la Cuba de  hoy, por lo que sin mucho protocolo accedo a compartirlo de muy buena fé con todos los lectores de este blog. A  Luis Alejandro Yero mi más sincera felicitación.

Carlos Alberto Pérez Benítez
La Chiringa de Cuba

 ¿La República del Negoceo?

Foto: Alejandro Menéndez Vega

La fiebre del timbiricheo invade a Cuba. No se asombre si camina por estas calles, y donde antes sólo encontraba metros cuadrados al libre albedrío de borrachos bullangueros y perros sin escrúpulos, un día aparezca una sombrilla de estridentes colores, junto a una mesa repleta de aretes, o un estante con los documentales más psicodélicos del Discovery Channel. Luego de años de trabajo cuentapropista incipiente, muchos se han lanzado a portales y caminos en un mercadeo que a capitalistas curtidos y desalmados parecería ridículo pulguero.
No han importado los impuestos desalentadores, la ya notoria sobreoferta en algunos servicios, la inexistencia de mercados mayoristas o la ausencia –por lo menos, hasta ahora- de créditos bancarios que sirvan de combustible para el negociante sin los centavos suficientes. Cafeterías, paladares y estantes se han multiplicado como conejos, especie de reprimida pasión que en un pestañar se ha manifestado en un furor adolescente. Las últimas medidas aprobadas para reconfigurar la economía nacional han exacerbado los genes filibusteros que todo cubano carga en su ADN.
Desde octubre del pasado año, una prolongada, pero no por ello extensa lista, daba el disparo a toda persona que deseara montar su propio negocio. En el extravagante inventario podían encontrarse surrealistas oficios: vendedores de artículos religiosos, actores callejeros que interpretan a personajes del folclor, cuidadores de baños públicos, cartománticas, peluqueras de trenzas, además de organizadores de bodas, repasadores de asignaturas, comerciantes de artesanías, taxistas, gastronómicos de fastfoods criollos, y así, hasta llegar a 178 actividades.
Desde entonces, el propio Raúl se convirtió en padrino de la criatura cuentapropista, al declarar en cada uno de sus discursos que debe desterrarse cualquier prejuicio hacia la actividad privada y crearse los mecanismos jurídicos que regulen, amparen y protejan a todo negociante cubano. Muchos del millón de trabajadores que desbordan al sector estatal, y sobre los cuales pende la ya anunciada amenaza del despido, posiblemente han tenido que pensar, tantear, definir, la posibilidad de transformarse en vendededor de artículos religiosos, afilador de tijera, repasador de asignaturas, o cualquiera de los restantes oficios que ampara la rocambolesca lista.
De seguro, muchos elegirán sumar a nuestro paisaje urbano otra cafetería de motivos tropicales -los más interesados en la estética- o de simple anuncio con las delicias gastronómicas de la jornada. Por lo menos, la tendencia así lo indica. El viceministro de Trabajo y Seguridad Social, Carlos Mateu, aseguró que “los emprendedores se concentran en restaurantes y pequeños puestos de comida; personal para las microempresas, operación de transporte y venta de artículos domésticos”.
Imaginemos a un licenciado juancitocualquiera, de copiosos postgrados, incluso hasta con un blog propio donde publica sus artículos porque no tiene suerte con las revistas especializadas, a quien en una mañana le anuncian que su puesto está incluido en el millón de plantillas laborales que sobran, y ¡zas! de un tijeretazo –para usar las metáforas de moda en las noticias sobre economía-, se queda sin los 500 pesos que mensualmente el Estado le pagaba por sus prestaciones.
Pero juancitocualquiera es un tipo cojonudo, y en la intimidad de las conversaciones conyugales, o en los momentos más reflexivos, decide montar un pequeño estudio que ofrezca diseños más novedosos para las cafeterías de inspiraciones tropicalistas. Entonces, ¿en cuál de las 178 opciones puede ampararse para pedir su licencia de trabajador cuentapropista? ¿Pintor rotulista? ¿Tapicero? ¿Restaurador de obras de arte? Pero mi vida, ninguna de éstas sirve, dirá abatido a su esposa. Dios, otro lugar con soles y palmitas, exclamarán los de gustos más delicatessen¸ ante la ausencia de diseñadores preocupados por las buenas maneras de la estética urbana.
“La paradoja es que hay muchos arquitectos, retirados o no, que estarían dispuestos a realizar los proyectos de las nuevas instalaciones y cobrar por ellos razonablemente. Esos proyectos son tan sencillos que ninguna empresa estatal estaría interesada en hacerlos”, dijo el arquitecto Mario Coyula a la agencia IPS.
Según el viceministro Carlos Mateu, dos tercios de los nuevos trabajadores particulares no tenían empleo. De allí, podría deducirse que de los aproximadamente 201 mil nuevos cuentapropistas, la mayoría sólo eran viejos traficantes del mercado negro decididos a legalizar sus vidas y convertirse en buenos ciudadanos preocupados por los impuestos. Negocios ya existentes, o personas que durante años esperaban por una apertura que les permitiera montar en paz su negocio.
La apertura al trabajo particular no resolverá los problemas económicos de Cuba, ya han alertado economistas en infinitud de foros, sobre todo porque las nuevas medidas sólo promueven un mercado de timbiricheo y servicios. Las reestructuraciones sólo pretenden delegar en los miles de cubanos ociosos, las actividades que durante décadas el sector estatal ha realizado más mal que bien, han engordado a la burocracia y hecho florecer como selva al mercado negro. Así, el Estado dejaría de preocuparse por vender panes con jamón, o rellenar las fosforeras de impacientes fumadores, y concentrarse en cómo potenciar la industria del software, expandir su mercado farmacéutico, o hacer más eficiente su producción de níquel.
Una vez iniciada la marea de despidos en el sector estatal, los razonamientos y pronósticos optimistas esperan que muchos se conviertan en trabajadores particulares. Hasta ahora, las buenas intenciones de reestructurar la economía dando apertura a la iniciativa privada han llenado de cierta esperanza -y con buenas dosis de reserva- a un país que en sus 500 años de civilización lo ha marcado el filibusteo.
Pero un pequeño detalle parece no haberse previsto en el perfecto plan de encarrilar las finanzas cubanas: para los profesionales con estudios universitarios, la decisión será entre vender papas rellenas o vivir del aire. De los 178 oficios admitidos, casi ninguno está hecho para sesudos y licenciados. La medida, tiene doble filo, para los comerciantes reprimidos por décadas de absurdo hipercontrol estatal ha significado una bendición; para los profesionales puede convertirse en una máquina destructora de proyectos de vida, al obligarlos a convertirse en un timbirichero más.
El viceministro Mateu lo ha dejado claro: por ahora no está previsto extender un nuevo listado de labores para ejercer particularmente, primero debe consolidarse la experiencia. “Si hubiera una gran cantidad de personas interesadas en una determinada actividad se evaluaría la conveniencia de añadirla”, declaró. Pero cuántos juancitoscualquiera serán necesarios para añadir una nueva opción, algo así como “diseñador de cafeterías con motivos tropicales”. Con sumo trabajo llegarían a un par de miles. Y también estarían los pablitospérez queriendo hacer softwares para bloquear los jueguitos en las horas de trabajo. Así las secretarias trabajarían más y las recepcionistas atenderían con mayor prontitud a los clientes. Por ahora, la lista -en este país siempre se quedan cortas-, no lo permite legalmente.
El arquitecto Mario Coyula dijo a la IPS: “es una aberración que un profesional universitario se dedique a taxista o vendedor de dulces caseros, y no pueda trabajar en su profesión. Es más, si la eliminación de plantillas infladas se lleva hasta el final, habrá también muchos arquitectos ‘disponibles’, que no podrán trabajar por su cuenta en su profesión”.
Según las cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas, de los aproximadamente cinco millones de ocupados en el país, casi 800 mil poseen estudios universitarios. La altísima preparación de nuestra fuerza laboral es algo de lo que podemos alardear escandalosamente. Y mientras, otro medio millón de estudiantes aguardan para terminar sus estudios en las universidades. Realmente una bomba de tiempo. El conflicto puede definirse de forma sencilla: un sector estatal que reduce plantillas para hacer ágil su maquinaria, y unas opciones de trabajo particular con un techo demasiado bajo para personas que desean mayores alturas. Según los cálculos, un millón 800 mil personas eligirán el autoempleo durante los próximos cinco años. Para ese entonces, ya existirán en el país más de dos millones de profesionales.
Si hasta ahora el conflicto no ha eclosionado, por lo menos de forma evidente, sería por los dos tercios antes desocupados que pidieron licencia como trabajadores cuentapropistas. Qué pasará cuando comiencen los tan anunciados despidos, pero aún en pausa sideral. Unos cuantos cientos de miles de profesionales quedarán sin empleo. Los millones de dólares invertidos en la educación, quedarán tirados a la basura, porque sencillamente, si la rocambolesca lista no incluye al “diseñador de cafeterías con motivos tropicales”, juancitocualquiera no tendrá más remedio que montar su propia cafetería. Preocupado por la estética, y queriendo aprovechar su talento, de seguro montará alguna decoración futurista, y hasta a lo mejor, con sus ideas funde un nuevo mercado negro, en esta ocasión, de diseños.
Por Luis Alejandro Yero, vía Destino Cuba

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