El fútbol europeo en Cuba: ¿un problema más para los jóvenes cubanos?

Publicado: 7 junio, 2011 en Deportes, España, Europa
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Por Carlos Alberto Pérez Benítez
Recientemente acaban de terminar las competiciones más importantes del fútbol europeo, un fenómeno mediático internacional que acapara cada año la atención de millones de fanáticos en los rincones más remotos del planeta. Cuba afortunadamente, desde hace algún tiempo ya dejó de ser la excepción en el disfrute de este maravilloso deporte, aunque haciéndole honor a la verdad, me parece que a pesar de los avances en este sentido, para el cubano de a pie aún las cosas continúan siendo un tanto complicadas. Y con esto me quisiera referir a las consecuencias que desgraciadamente se derivan de absurdas prohibiciones como la de la televisión por cable a ciudadanos comunes, y por supuesto, al limitado acceso a Internet que aún prevalece en la isla, dos elementos que en materia de actualización futbolística (por seguir enfocado y no hablar de otros temas) nos colocan una vez más al borde de los límites de la diferencia con el resto del mundo.
La cuestión es que si las autoridades deportivas, los medios de prensa, y en particular la televisión han comenzado a fomentar el gusto en la población cubana por este deporte, un mérito que si bien llegó tardío aplaudo como al mejor de los discursos, casi siempre es a cuenta gotas que recibimos los resultados de los partidos y el desenlace de calendarios de las diferentes Ligas, razones que me llevan a pensar que “ese gran esfuerzo de los medios nacionales” por acercarnos al acontecer futbolístico internacional, en un final no resulta más que un manipulado maquillaje mediático que irremediablemente sigue poniendo a nuestra prensa y autoridades deportivas en la punta de la picota. Fatídicos protagonistas (junto a muchos otros), de la triste historia del más universal de los deportes en un país que tanto lo aclama y mucho más lo necesita.
Así se dan al traste algunos hechos que desgraciadamente se revierten contra nosotros, los jóvenes cubanos seguidores del fútbol europeo. Pero siendo más realistas aún, a mi modo de ver el que más nos duele por decirlo de alguna manera, es la falta de oportunidades para disfrutar “en vivo” la trasmisión de los diferentes partidos, algunos de los que con muy buena suerte podemos disfrutar cuando son retransmitidos los fines de semana en el espacio televisivo “GOL”, o en los resúmenes semanales que hace el colectivo de Canal Habana, rompiéndose así toda la magia de este deporte y torturando lentamente a la creciente afición futbolística de la isla.
Por supuesto que esto trae sus consecuencias, las que como es lógico solemos pagar el eslabón más débil de la cadena, los sumiso-dependientes de aquellos que deciden lo que podemos ver, cuándo y cómo lo podemos ver. Me refiero en particular a las amargas experiencias que muchos tenemos que vivir andando y desandando por todos los hoteles de La Habana a la caza de un espacio donde se ofrezca “en vivo” esta oportunidad, la que por cierto, gratis nunca sale. Se presenta así la ocasión perfecta para la extorsión de gerentes de hoteles y agentes de seguridad, quienes se las agenciaron durante toda esta última temporada futbolística para cobrar a los fanáticos que acuden a esos locales entre 2 y 5 CUC por persona, es decir, entre 50 y 125 pesos por permitir que los seguidores de este deporte disfruten de apenas 90 minutos de buen fútbol.
Según tengo entendido, en este país no existe ninguna ley que sustente tan arbitrario proceder de gerentes de hoteles y personal de seguridad, pues entrar a una instalación hotelera en Cuba ya dejó de ser un tabú para los ciudadanos de esta nación y por el contrario, auspiciar y fomentar iniciativas que convoquen al turismo nacional (aunque sea de pasada), debería ser una de las primicias de las autoridades pertinentes. A fin de cuentas creo yo, abrir este espacio a la masividad con su debido control y bajo una adecuada reglamentación para el comportamiento, unidos al júbilo y la alegría que se desprenden de estos encuentros, finalmente la lógica termina indicando que el consumo y la recaudación de ganancias, (si fueran estos los verdaderos objetivos)  serían mucho mayores que los que hoy se adquieren tras imponer una tarifa fija e innegociable de 5 CUC, a la que solo pueden tener acceso un limitado grupo y no así la gran mayoría de los cubanos que también vivimos dentro de esta controvertida isla.
Una amarga experiencia sufrida en carne propia
Cuando el pasado mes se enfrentaron en varias ocasiones el F. Club Barcelona Vs el Real Madrid todo el mundo prestó especial atención al clásico de clásicos del fútbol internacional. En Cuba no fue diferente, ya que los seguidores de este deporte hicimos hasta lo imposible para no perdernos ni un solo minuto de los acontecimientos. Así fue como salí un sábado con dos amigos a disfrutar el Play en el Hotel Mariposa, situado en las cercanías de Punta Brava, donde resido, pero no sé por qué razón ese día no abrieron las puertas a la hinchada que usualmente asiste a este tipo de acontecimientos, por lo que decidimos tomar un ómnibus hasta uno de los hoteles del municipio Playa, a donde acudimos en busca de mejor suerte. La larga travesía nos hizo tomar tres transportes diferentes así como también nos puso en el camino a otro grupo de fanáticos que perseguía idéntico objetivo al nuestro. Ellos, mitad madridistas y mitad catalana, se unieron a nosotros y como jóvenes rápidamente compenetramos ideas, discutimos estadísticas y aportamos teorías como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. Por uno de ellos nos enteramos de que en “La Marina Hemingway” estaban cobrando 5 CUC para ver el partido, por lo que de inmediato descartamos esa posibilidad. Otro alegó que el “Club Habana” últimamente estaba asumiendo idéntica posición, y otro más aseguró que el “Copacabana no costaba 5 sino 2, así que “si nos quedábamos engancháos de la brocha, en última instancia podíamos caer por allí y cuadrar con el tipo de la puerta para que lo rebajara a 1 fula”. Lo cierto es faltaban menos de 40 minutos para el pitazo inicial del partido en la lejana Europa y por acá, nosotros seguíamos en el desespero de no encontrar una guarida futbolística que acoplara a nuestras finanzas. Finalmente otro de los desconocidos dio por hecho que el Hotel Kholy era la mejor opción, pues el P-4, ómnibus en el que nos trasladábamos pasaba relativamente cerca de ese hotel, y además “allí la cosa era jamón”, según le había dicho un amigo suyo. Allá terminamos el recorrido, aunque no así las angustias. Llegamos hasta la puerta del Kholy y lo primero que nos dijo el guardia de seguridad al vernos con camisetas alegóricas a los clubes españoles fue que si veníamos a ver el partido de fútbol, la Gerente había dejado orientaciones precisas de que la entrada costaba 5 CUC sin excepción alguna. La decepción nos cubrió de arriba hasta abajo y los ánimos cayeron al piso como plato de cristal, máxime cuando a solo escasos metros del Lobby se podía escuchar y apreciar a través de la TV la algarabía que aguardaba impaciente en el Santiago Bernabéu. Nos dieron 40 mil inconvincentes explicaciones y yo mismo pedí hablar con la Gerente para explicarle que éramos cubanos, que no podíamos darnos el lujo de pagar semejante suma de dinero por ver un partido de fútbol, y que estaríamos sentados, muy tranquilos y sin causar ningún problema, pero la respuesta fue la misma una y otra vez: “Esas son las indicaciones de la Gerente y ahora mismo ella no está disponible para atender a nadie”, repetía incansablemente aquel espécimen de gorila ante mi insistencia de enfrentar a la responsable de semejantes indicaciones.
Tras largos minutos de espera y desconcierto, nuestros compañeros de viaje terminaron por retirarse echando maldiciones y deseándole un no muy próspero destino al sistema político de la isla. Nosotros mientras tanto, algo más esperanzados decidimos esperar para ver qué podríamos lograr según avanzaba el tiempo. El fin del cuento, para no hacerlo más largo y tedioso, es que el gorila finalmente cedió, y mientras se acercaba sigilosamente nos espetó así, sin más ni más: “A ver muchachones, vamos a arreglarnos ahora que son solo ustedes tres, porque ahorita eran demasiados y se me podía poner el picáo fula. Me dan un cañita por cada uno y cuelan pa dentro sin hacer mucho ruido, y si algo… conmigo ustedes nunca hablaron”. Yo en un principio no estuve de acuerdo. Lo que quería era denunciarlo, gritarle ¡descarado!, ¡oportunista! y ¡estafador! con todas las fuerzas de mi garganta, pero la recompensa al viaje casi interprovincial para  lograr mi causa, unido a la persuasión, más el costo de la tarifa impuesta por el improvisado gerente asumido por mis amigos, finalmente lograron que 15 minutos después de haber comenzado el choque BraÇa-Madrid acabaran sin el mejor de los finales nuestras agonías y hostilidades de toda aquella dura jornada.
¿Qué porqué me dejé arrastrar hacia lo mal hecho en beneficio propio? No sé, quizás hoy me apene reconocerlo y me retuerza el arrepentimiento…pero a la vez alguien se me acerca al oído y suavemente me responde: “Porque el mal es tan profundo que por más que lo evitemos, desgraciadamente a la vuelta de la vida terminamos siendo víctimas y protagonistas de los errores que siempre hemos criticado y que nunca nos habíamos aprestado a cometer”. Así de irónica suele ser en ocasiones la vida en Cuba… Yo, por mi parte, digo lo siento…
(Fin de la primera parte)

comentarios
  1. Mabel dice:

    SALVAJEEEEEEEEEEEE te la comiste mi hermano…. :0)

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