Transporte público: a falta de monedas, una propuesta…

Publicado: 3 octubre, 2011 en Transporte público
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Cuando un problema aflora en Cuba cuesta “villas y castillas” encontrarle una solución viable, y cuando aparentemente esta aparece, por lo general termina siendo más de lo mismo, es decir, otro problema lo que mucho más absurdo y complicado que el inicial.

Por loco que suene es así, y muchos lectores saben bien a lo que me refiero con mi anterior trabalenguas. Ejemplos hay miles pero hoy solo quiero referirme a uno, el pago de la transportación pública en mi país, un asunto que supuestamente quedó zanjado cuando años atrás finalmente se eliminaron por ineficientes y corruptos los llamados “conductores de guaguas”, un personal que haciendo el mejor de los honores a las plantillas infladas irónicamente su función consistía en “asistir” al chofer en el cobro del pasaje del ómnibus para evitar el “robo al Estado y la indisciplina social”.

Pero si bien eso ya es agua pasada, cierto es que muy funcionales han resultado ser las modernas alcancías que vinieron incorporadas a los nuevos ómnibus importados al país, sustitutas por excelencia de aquellos ladrones de abordo que no disimulaban sus inescrupulosos métodos para adquirir su tan preciado botín a la vista de todos.

Lastimosamente, poco tiempo después la nueva flotilla de choferes se las ha ingeniado para heredar ese mal hábito, un hecho que contrasta perfectamente con datos brindados por los Servicios Informativos de la TV Cubana donde se alude a que “solo en los primeros meses de este año la empresa capitalina Metrobus sancionó a más de 3 000 trabajadores de ese sector debido a diferentes fraudes cometidos”.

Para colmos la falta de monedas metálicas, conocidas popularmente como menudo en nuestra isla, es una gravísima situación que va más allá de esa larga lista de problemas cotidianos que los cubanos tenemos que enfrentar a diario. Y si digo gravísima no exagero, pues a la falta de menudo le siguen las convenientes excusas que tenemos que soportar en los establecimientos tanto estatales como particulares cuando se alude a la insuficiencia de fondos metálicos para devolver en las compras o en el pago de los servicios. Esto junto a dos elementos fundamentales, el descuido y la indolencia, sin lugar a dudas han conllevado a un robo consentido y casi que generalizado que ha llegado a todos los niveles, una sisa doblemente dolorosa cuando en ocasiones se aprecia una actitud pasmosa y descaradamente natural ante este tipo de situaciones en determinadas entidades administrativas estatales.

Es así como este fenómeno se ha convertido poco a poco en otra peligrosa dolencia que repercute directamente en la pobre economía de los bolsillos cubanos, mucho más si se tiene en cuenta la grave situación económica en que se encuentra nuestro país, los bajos salarios, y una dualidad de monedas que supera ya toda paciencia y tolerancia humana.

Y si el trasporte es el principal protagonista de esta historia, es porque irremediablemente la mayoría de los cubanos tenemos que acudir a este medio para poder trasladarnos a las escuelas, centros de trabajo, a nuestra primera cita romántica, o a realizar cualquier tipo de gestión que requiera por lejanía del traslado automotor. Y es ahí donde inevitablemente seguimos cayendo en la trampa, pues día a día terminamos siendo víctimas tanto de una forma como de otra de ese maquiavélico sistema para el pago del ómnibus donde muchos al no tener fraccionados los cuarenta centavos requeridos para el abonar el pasaje, generalmente terminan echando al fondo de la alcancía un peso, es decir, más del doble del valor real del pasaje.

A esto sumarle la actitud de los choferes, quienes no cesan en el intento de evitar que la retribución monetaria de los pasajeros vaya directamente al depósito destinado para ello utilizando como técnica más común el taponeo de la boca de la alcancía para recoger manualmente el pago de los pasajeros, un ejercicio que les permite dividir entre monedas débiles y pesos fuertes, muchos de los cuales generalmente no terminan en el fondo del depósito sino de sus propios bolsillos.

Una propuesta…

Si realmente existiera la voluntad de evitar este tipo de situaciones, a no ser que se fuera cómplice de toda esta artimaña, las soluciones no parecen ser tan difíciles como pudiera parecer. Yo diría que la primera solución viable para lograr esto es dar un primer e importante paso: eliminar el dinero físico como pago de los medios de trasporte. Me explico. Mientras los cubanos tengamos tan difícil situación económica siempre existirá quien mezquinamente trate de sacar provecho de toda situación, así que pensar en eliminar los fraudes o seguir creyendo en la moral y consciencia del hombre nuevo no sería otra cosa que seguir engañándonos a nosotros mismos. Es por ello que tomar medidas concretas es lo que se impone para implantar un verdadero orden, de ahí que se haga conveniente por ejemplo, vender a la población pequeños talonarios de boletines de trasportación en estanquillos de periódicos, correos, u otros puntos de venta estatales que se apresten para esta iniciativa. Estos talonarios pudieran tener diferentes precios en dependencia de la cantidad de cupos o status que tenga cada cual, lo que permitiría a los estudiantes y minusválidos pagar los de menos valor y a los trabajadores y al resto de la población el valor completo del pasaje. Siempre manteniendo los precios actuales, es decir 20 centavos los estudiantes y minusválidos y 40 centavos el resto de los pasajeros. De esta forma los pasajeros no tendrían la necesidad de manipular dinero efectivo en los ómnibus sino una ticket previamente pagado, por lo que se eliminaría el problema del pago excesivo por falta de monedas de cambio, y sobre todo, se eliminaría tanto fraude y robo que existe hoy en nuestros ómnibus.

A mí me parece un negocio redondo para todos, solución para todo un pueblo necesitado de una solución definitiva sobre este tema, y una gran tranquilidad para el Estado, el que seguramente recaudará muchísimo más si aplicara este nuevo sistema para el pago de la trasportación estatal.

¿Será posible llevar a cabo una iniciativa tan sencilla y beneficiosa? Eso ya lo veremos…

Carlos Alberto Pérez Benítez
“La Chiringa de Cuba”

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