Al infatigable Julio García Luis

Publicado: 13 enero, 2012 en prensa
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enaulamagnaconjuliogarciaLlegué a su despacho una mañana junto a mi tutora y un sinfín de problemas pendientes de solución. En solo seis meses me graduaría, y algunas incomprensiones me habían colocado al borde del abismo con tal de impedir que realizara mi Tesis de Licenciatura. No pedimos cita previa ni hubo protocolos de por medio, solamente tocamos la puerta de su despacho y al percatarse de que algo andaba mal, echó a un lado los papeles que revisaba y con un ademán muy familiar nos hizo pasar. <Pasen y siéntense por favor. A ver, ¿cuál es el motivo de esos rostros tan preocupados?>, nos dijo sereno sin que aún hubiéramos dicho ni media palabra. Estaba convencido de que todo iba a salir bien.

Aquella actitud fue suficiente para descargar todas las presiones que hasta allí me habían llevado. “El Decano”, como cariñosamente le llamábamos al Doctor Julio García Luis los cientos de estudiantes que tuvimos el privilegio de conocerlo, o al menos de compartir 10 minutos de su preciado tiempo, escuchó atentamente cada detalle de mi exposición y la posterior defensa de mi causa por mi tutora. Minutos más tarde, convencido de que en la vida antes que nada hay que ser justos y transparentes, poniendo en la balanza hechos y argumentos, me otorgó de su puño y letra la necesitada licencia para enrumbar mi nuevo camino.

Resulta que aunque hasta ese momento nunca nos habíamos conocido personalmente, en los últimos cinco años sí habíamos colaborado mucho virtualmente, así que nadie mejor que él, en cargo y oficio, para tomar la más justa de las decisiones por dura y contradictoria que pudiera parecer. El sabía que no se estaba equivocando.

Aquel día salí más que feliz de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. No solo porque había resuelto mi gran problema, sino porque me había llevado la enorme satisfacción de que un hombre como aquel se integrara en mi conflicto como si fuese mi propio padre. Antes de despedirnos me estrechó la mano, me pidió le saludara un viejo amigo común, y para mi sorpresa, hasta se animó a proponerme el tema y posible título de mi trabajo de Diploma.

De mucho me sirvieron aquellos consejos. Por ello, poco después cuando nos volvimos a encontrar en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, no pude evitar acudir emocionado a su encuentro, abrazarlo, y agradecerle aquel inmenso gesto de confianza que un día depositó en un desorientado estudiante. Indiscutiblemente su acertada decisión había dado curso a mi nueva vida de profesional que recién comenzaba.

Maestro de maestros, sin lugar a dudas, hoy no solo se ha perdido físicamente a un inigualable catedrático del periodismo en Cuba, sino a un humilde caballero que confiaba por encima de todas las cosas, en el espíritu revolucionario y creador del hombre nuevo.

A sus familiares, colegas y amigos; mi humildad y más sentidas condolencias.

Carlos Alberto Pérez
"La Chiringa de Cuba"

comentarios
  1. Te felicito de todo corazon… La pelea esta ganada… El futuro esta garantizado… Marcos Jesus…

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