¿A dónde van los beneficios de la sustitución de importaciones en Cuba?

Publicado: 3 abril, 2012 en Cuba, café, reformas económicas
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puerto En los últimos tiempos, por necesidad imperiosa e impostergable de la economía cubana, la sustitución de importaciones se ha convertido en la intención de muchos centros productores de bienes y servicios.

Para buena parte de la población, e incluso muchos de los propios laborantes que intervienen en la tarea, esta resulta empeño de la macroeconomía y que en realidad no se palpa.

Claro que no es así, y el producto de la sustitución de importaciones se reincorpora a la sociedad por numerosas vías.

En síntesis, sustitución de importaciones es toda aquella producción de bienes materiales o de servicios que logrados nacionalmente eviten recurrir al mercado internacional a adquirirlos, lo cual implicaría gastos en divisas frescas o apelar a créditos.

El siguiente es un ejemplo de sustitución de importaciones, de decenas que se podrían mencionar, y cuánto puede

representar para la población.

Hasta mediados de marzo, los cuatro centrales azucareros participantes en la zafra en la provincia de Camagüey habían traspasado a la red eléctrica nacional, de la generación de sus turbinas, 7 351 megawatt-hora.

Este aporte, que como toda la producción de esa energía se consigue utilizando el bagazo de la caña molida como combustible en los hornos de las calderas de vapor, equivale a 6 557 toneladas de fuel oil.

Entonces, esta acción por sí constituye sustitución de importaciones pues no implica gastar petróleo en una termoeléctrica, teniendo en cuenta que la mayor parte del carburante utilizado en Cuba es importado.

A los precios del fuel oil del momento, la cogeneración de los ingenios camagüeyanos significa que hasta ahora el país dejó de erogar poco más de cuatro millones 222 000 dólares.

Ahora bien, ¿cómo se expresa en la vida cotidiana tal ahorro?

Considerando el consumo eléctrico medio de 200 kilowatt-hora por vivienda mensualmente, el traspaso de energía a la red nacional significó que 36 755 casas utilizaran durante un mes la corriente generada en los ingenios.

También puede preguntarse: ¿En qué pudo emplearse el dinero ahorrado atendiendo a los precios de los alimentos, por cierto cada vez más altos, que habitualmente importa Cuba?

Con los cuatro millones 222 000 dólares el país pudo comprar -incluyendo el precio del producto, su flete hasta puerto nacional y los seguros- 1 042 toneladas de leche en polvo, que tras su procesamiento industrial se convierten en unos 11 millones 363 pomos de leche fluida.

O 7 878 toneladas de arroz, que llevando esta cantidad a la canasta familiar a las cinco libras que se vende subsidiada a cada cubano mensualmente, implica el beneficio en un año de 288 860 personas, más de la población de una ciudad como Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara.

Otro ejemplo: pueden comprarse 3 280 toneladas de pollo en cuartos, 12 528 de trigo para hacer pan y repostería, 4 923 de frijoles o 3 272 de aceite de soya.

Y si se sigue la cadena se puede decir: Cuba tiene posibilidades de sustituir importaciones cuando produce más arroz, leche, frijoles y muchas cosas más.

¡Cuántas ventajas por el solo hecho de que nada más los cuatro centrales en zafra en Camagüey aporten a la red pública electricidad lograda a partir del bagazo de la caña! Por eso es oportuno mirar bien qué le toca hacer a cada cual para dar su beneficio, y si no lo acompañan, exigirlo.

En Cubano 1er Plano, Con información del Semanario Opciones.

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