Polémica en: Espejismos y verdades de un encuentro

Publicado: 30 abril, 2012 en blogosfera, Debate
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No caben dudas de que este Encuentro Nacional de Blogueros está en el desdén de algunos y en el más apreciable lugar de los corazones de muchos. Esto, querámoslo o no ya es un hecho, así que solo el tiempo dirá la última palabra. Yo por mi parte, prefiero aguantar mis arreos y meditar mucho más sobre el asunto, leer otros criterios y quizás, si la musa y el tiempo me acompañan, verteré mi visión sobre el controvertido encuentro.

Por ahora les dejo este Post de mi colega El Rafa, que con su permiso hago mío hasta el punto en que saque yo mis propias conclusiones.

No dilato más. Estén atentos.

Carlos Alberto Pérez
La Chiringa de Cuba

Nota: Vea además el Epílogo de un blogazo y sus detractores

Espejismos y verdades de un encuentro

El Rafa eb su intervención. Foto: Cortesía de La Polilla cubana Para Elaine y Lili, El Taburete y La Otra Pata, para Alejo3399

Mucha gente ensalza o denigra a La Joven Cuba. Yo los veo como lo que (creo) son: una terna de muchachos con entusiasmo, miedos, virtudes, defectos, prejuicios, razonamientos, que sufren y disfrutan Cuba con la misma intensidad que los millones de cubanos que no han puesto un pie en Internet y los blogs ni una vez en su vida. Los admiro por haber logrado bregar contracorriente y armado un encuentro de blogueros (aún con adjetivos y censuras, eso era casi impensable); los admiro por haber transmitido en vivo los debates todos , los sublimes, los infecundos; los admiro, porque navegan en tierra de nadie cargando con los estigmas de ambas orillas, y eso, amigos míos, merece respeto.

¿Qué fue el Encuentro de Blogueros en Revolución?, ¿más de lo mismo, la pérdida de un valioso fin de semana discutiendo problemas sin solución, un auténtico espacio de conversación? La respuesta está flotando en la blogosfera; entre las miles de opiniones que como potentísimo Amazonas se bifurcan y concurren a lo largo de la red. Tengo amigos que desistieron antes de empezar, amigos que no tuvieron siquiera la oportunidad de declinar la invitación, amigos que no pudieron llegar, amigos, en fin, que merecían estar en el encuentro porque aún con los perros detrás, continúan empeñados en ese acto de fe que es bloguear en Cuba. Por todos ellos estaba allí, y por mí mismo, porque mi yo futuro debe mirar atrás y saberme consecuente, con voz en el momento que debí hacerlo.

Y mi yo presente acudió a un debate que a ratos parecía estéril, pero que en no pocos momentos se trepaba amenazadoramente hasta las almenas que esconden nuestros dolores cotidianos, llámese cable, resolución 127, diálogo con las instituciones, o cualesquiera de los muchos problemas de los blogueros en Revolución. Una vez más corroboro mi tesis de que los problemas medulares de la cultura cubana siguen anclados en los ya lejanos sesenta; aún en las discusiones más insospechadas, seguían gravitando esas preguntas hasta hoy sin solución: qué es lo revolucionario, quién lo define, quién está dentro y quién afuera, dónde trazar las fronteras. Y yo, la verdad, que me considero revolucionario, que me considero dentro, comienzo a aburrirme y quiero hablar de otra cosa. A veces, peligrosamente, de cualquier otra cosa.

Qué triste el desencanto en los desiertos, cuando la vida parece írsete por un poco de agua y descubres que el oasis no era tal, sino un montón de lugares comunes y consignas desfasadas.

Cuando llegó el cierre del encuentro, me sentí un extraño; extraño porque mi vida bloguera no pasa por un eterno combate con el aparatoso y ridículo montaje mediático de los que no quieren este pedazo de tierra, porque me importa un comino si algún trasnochado entiende que le hago juego al enemigo, porque mis posts  son míos, absolutamente míos, como el Malecón, como mi semen,  como Memorias del Subdesarrollo. Salí del salón mientras algún joven comunista daba las conclusiones. Me senté en un humilde y solitario pasillo de la Universidad de Matanzas, a pensar, a escribir esto. El pasillo me llenó de nostalgias, me recuerdó la Lenin. Allá, en el encuentro de blogueros, sonaban aplausos lejanos.

… pero no fue este el verdadero cierre. Los contratiempos que acompañan a todo ser que vive en una isla nos hicieron quedar varados por demasiadas horas en la Universidad. Y allí, por primera vez, sentí que entre juegos absurdos, conversaciones elevadas y ridículas, el intercambio en ruedo y sin jerarquías que disolvieron profesiones, poderes y posturas,  habíamos llegado, al fin, al verdadero encuentro.

comentarios
  1. nicanor dice:

    Wao, este chamaco escribe bien. Me cuadra este punto de vista. Después de todo el fue al encuentro y vio lo que paso tras las cámaras.
    Oye, porque el que se lea la declaración final o vea algunas de las intervenciones, de verdad que no sabe si esta en una asamblea de la feu/ujc/pcc/sindicato, ect.

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