Memorias de blogueros cubanos tras viaje a la Ciénaga de Zapata (Dossier)

Poco a poco estaré actualizando este Dossier que recoge las impresiones de una treintena de blogueros cubanos en una reciente visita a la Ciénaga de Zapata, donde gentilmente el Proyecto Artístico ¨Korimakao¨, fundado por el destacado actor cubano Manuel Porto, nos acogió de manera formidable como a sus propios hijos.

Carlos Alberto Pérez
¨La Chiringa de Cuba¨

La Ciénaga de Zapata también bloguea

Jóvenes Blogueros cubanos en Ciénaga de Zapata

Los chamas que amamos a Cuba en la red estuvimos en Girón

Por Alejandro Ulloa en Esquinas

La Ciénaga de Zapata es un paraíso diferente. Y si un grupo de blogueros cubanos se adentra en sus tierras para entroncar caminos y compartir el pan y el pensamiento, entonces la luz nace bella de las propias manos.

Llegar a la sede del Conjunto Artístico Korimakao puede ser difícil si de transporte se trata. Pero vale el esfuerzo. Gente hospitalaria, artistas de corazón y empeño y la infraestructura necesaria para llevar el arte a las comunidades son el mejor fruto del actor cubano Manuel Portos. Desde hace 21 años las comunidades cenagueras reciben el arte desde formas de hacer revolucionarias y gracias a “la locura” de un grupo de jóvenes que trabajan para ellos. Y hasta allá llegamos los que votamos por una prensa diferente, por una Cuba que bloguea la cotidianidad.

Allí aprendí que melaleuca y la claria deberían ser símbolos nacionales para el cubano: se reproducen con facilidad y son duras de pelar. Allí encontré nuevos hermanos y hermanas que saben discutir, estar en desacuerdo, reír, y lo mejor, mantener el mismo abrazo apretado en cualquier circunstancia. Allí supe con más claridad lo grande que ha sido el proyecto revolucionario cubano y la necesidad de que cambie, se transforme y evolucione para nunca dejar de ser una vanguardia humanista y real. Allí, al fin, vi por primera vez un tocororo y me sentí más cubano.

Girón se me desnudó desde otra perspectiva: sentí las bombas caer a mi lado, vi la sangre saltar sobre mi cuerpo y la piel me chispeó cuando de la mano de Alfredo Guevara “Muerte al invasor” me confirmó que el periodismo cubano apesta a cadáver olvidado.

El encuentro con mis pares blogueros no necesitó presentaciones. Entre periodistas y no periodistas que llevan a la red un mensaje diferente, una Cuba diferente y más real, la amistad y el cariño se destapó sin parcas formalidades. Paradójicamente, fueron al final, pero ya por puro trámite.

Un baile, unos cuantos chistes –buenos y malos: y los malos insufribles– ­el chucho constante los halagos y saterías con nuestra jefa K, gente que nada más fue a buscar jevita, blogueros explotados y explotadores de blogs, jueguitos malévolos de “asesino y policía”, medias horas inconclusas y tragos a la salud de un sueño, dieron el color necesario.

Por cierto, uno de los chistes más negros incluía a un cocodrilo y una “jevita” lisiada, pero ni pregunten, que no me atrevo a hacerlo aquí.

De los anfitriones, ah, de esos algo trascendente reafirmé. Al ser un grupo de muchachos con solo el talento artístico como pedigrí, y la autonomía y la experimentación como banderas, pero también con el oído atento y los ojos a la caza de nuevas formas y consejos, me demostraron que el principio de cualquier “revolución” es no llegar jamás a UNA verdad, sino que la apertura, la participación, el disentimiento y experimento perennes, con fines humildes y nobles, sol el único camino a la evolución, al mejoramiento. Y mucho talento pudimos verles.

A la hora de los abrazos finales, el corazón dio un vuelco a esa solitaria realidad, que ahora es más acompañada y unida desde el lento pero firme espacio de las redes, desde el más estrecho lazo que son los sueños compartidos. Definitivamente no seremos “los húmedos” –un mal chiste de Claudio–, pero de vuelta a casa, en un viaje tocado, no lo duden, por la divinidad, sentí que somos más grandes, que hay la huella cenaguera de nuestros blogs un hilo invisible y poderoso que nos une, un halo de amistad, de hermandad elocuente que crece fuerte y diferente… Desde que la Ciénaga de Zapata también bloguea, nosotros, nosotros nos PERTENECEMOS.

PD: He concluido después de este viaje que nuestras blogueras son sexys y los blogueros una insalvable partida de feos… Y aunque, por lo menos, hay equilibrio de género, no así de mando, que como siempre, es de las féminas. Nos vemos en otras Esquinas.

De la Ciénaga, Korimakao, los amigos… Cuba

578293_554242051264715_1153734478_nPor La Mariposa Cubana

La gran justificación para estas líneas somos un grupo de periodistas, químicos, informáticos, económicos y comunicadores de casi todo el país que nos “encontramos” a la distancia de un click en la lejana y enmarañada Internet, en las redes sociales Facebook y Twitter, y en las páginas personales.

Una vez le escribimos de este piquete; justo después de que nos dimos el primer abrazo físico en julio de 2012 bajo la vista de Martí en el Real Turquino. Desde ese momento hasta hoy no perdimos el lazo humano y virtuoso que nos unió: en octubre el Nicho fue el escenario, y ahora, justo cuando casi comienza abril, la cita fue en la Ciénaga de Zapata.

Allá a 89 kilómetros de la urbe matancera y entre poco más de 300 habitantes en las mismas entrañas de Pálpite, y a unos metros del cartel que reza “hasta aquí llegaron los mercenarios”, Korimakao nos abrió sus puertas.

De la entrega y la dedicación de Manuel Porto, inigualable y primerísimo actor cubano, surgió este proyecto comunitario, cuyo nombre significa hombre con la casa a cuesta, que no cabe en ninguna clasificación humana. En ese hogar sus 180 miembros nos hicieron un huequito y compartieron con nosotros sus literas, horas de agua, comida, calor y hasta mosquitos.

La luz se nos hizo con los jóvenes integrantes de Korimakao que, nacidos en cualquier lugar de esta Isla, fueron a parirle arte con sus talentos, único requisito de entrada al grupo, a los pobladores de la ciénaga matancera.

Llegaron por vocación y se quedaron por amor al arte. En ese lugar donde el diablo dio tres voces y no oyó respuesta se levantan antes que el alba y se acuestan de madrugada creando para la comunidad. En estos días preparan el espectáculo de La victoria, el mismo que cada año se reinventan para celebrar la primera derrota yanqui en territorio americano.

Es entonces un lujazo ver a los actores, pintores, bailarines, realizadores audiovisuales y músicos compartiendo sobre el mismo escenario técnicas, risas, bromas; y es cuando no deja de sorprender el hecho de que ninguno es graduado en la materia y que aun cuando Korimakao nunca les dará un título se quedan por años porque saben más valiosas que un papel las enseñanzas de más de dos décadas de arte vivo.

La gran verdad de estas líneas es la inmensa capacidad de soñar de los jóvenes cubanos sin importar el lugar donde la realidad los sorprenda y la Cuba nuestra, la que también nació en la Ciénaga de Zapata de la mano de los carboneros hará pronto 52 años; la misma por la que mi piquete seguirá encontrándose en Internet.

Intoxicación cenaguera

Por La Mariposa Cubana

Es jueves. Estoy en Camagüey y nunca mi casa me había parecido tan distante. Recuerdo haber tenido este síndrome una vez antes, en julio pasado cuando la primera vez. En 72 horas el verbo que más he conjugado es extrañar… y nunca ha sido más cierto.

Desde el despertar de ocho respirando un espacio de seis, el agua por horas, el desorden ordenado de los camagüeyanos. El anhelado café , los abrazos por segundo, las risas, las bromas, los bailes exóticos de Claudio y la inigualable Mary.

La jornada de celebración del cumple de Susy, las horas nalgas en la Girón, los maletines (mal recuerdo), la música del Jhonny, la playa, las tantas cámaras y las miles de estupendas fotos, el saludo singular entre Rodo y Grey. Las mímicas entre las reflexiones y la Chiringa, por no hablar de las de la alita y de la activación constante de la nube.

Una vez más la singularidad de la K a prueba de 31 blogueros malcriados, la poesía de Liud, los ojos del niño bueno de Kmilo, las palabras exactas de Alejandro; las parejitas del evento: los increíbles Chely y Charly, Dianet y Joy, Darío y Albita, Itsván y Bet, mi palmera hermana, y lo mejor de lo mejor: el Koka y Tay. Los chicos de la Cuba joven, el más revolucionario y loco de los matanceros y la energía cargada con baterías solares de Ely.

Los extraño gente. Porque el buchito de café de las mañanas no sabe igual si no se comparte en el mismo vaso con 15 personas más, porque en mi casa hay agua todo el tiempo… porque mi familia creció, y anda aún por la Ciénaga bebiendo de Korimakao, pegada a la Internet y con Cuba en el corazón.

Ño, de furia, ya los extraño

Pajaritos_Duermen_Apretados

Por María Antonieta Colunga

Fue muy raro despertar hoy en mi cama, sin los timbrazos de Camilo o Karina mandándome a dar el de pie a la tropa, sin la presión de lanzarme como un rayo hacia la puerta del baño para cogerle alante a Koka and Company antes de que quitaran el agua, sin tener que mediar entre un Luis Enrique y su Radio Católica Mundial a todo volúmen y un Raúl queriendo dormir cinco minuticos más, en paz.

Encontrar toda mi ropa ordenada y poder elegir qué me iba a poner sin tener que hacer un acto de inmersión corporal en la mochila, desayunar un líquido de procedencia conocida y poder caminar por la habitación sin tener que pedir permiso a cada paso no se sintió todo lo bien que me había imaginado.

Me sucedió a primera hora de la mañana que los extrañé, a todos y cada uno: a Mary Romero con sus bailes exóticos y el polvo negro a cuestas, presta a preparar la droga grupal; a Claudio “monitoreando” los pasillos danzarios del pikete; a Chely y su voz de tormentas haciendo vibrar las mejores canciones del mundo en las cuerdas de su garganta; al Carlucho trayendo desde Holguín la tibieza de un casabe para compartir en medio del hambre; a mi Comandanta Karina y su sonrisa imbatible y sus ademanes de madre de familia y su eterna paciencia y su mirada de bondad ilimitada; a Darío queriendo bailar aún con su dedo roto; a Betsy omnisonriente y pelisuelta, con su guitarra salvadora de los aburrimientos; a Itsván y sus historias no contadas, serruchándole el piso a los guías de museo; a Tahiris ofreciéndome gustosa y solícita la ducha de la que acababa de salir chorreante, con todo y su esposo adentro, pa que fuera adelantando; a Rodolfo con su repertorio de juegos locos que van desde el fútbol rugby marino con pometa de ron hasta el trhiller psicológico de asesinar “desde el cariño”; al niño tierno que es Camilo repartiendo bolsitas de refresco y ayudándote a cargar bultos; a Ulloa quedándose botado para llamar la atención o haciendo mil preguntas de los cocodrilos que nunca vimos; a Arnaldo y sus conectos improvisados que lograron colarnos hasta en aquellos quince de la ACAA con bufett incluído; a Harold y su móvil cinencasa para entretener las caminatas suicidas de la madrugada playera; a Roberto y la sorpresa de sus habilidades “casinísticas”; a Carlos Alberto que empina su Chiringa dándole vuelta a no sé que cosa ahí; a Dianet y “Joui” romanceando y haciendo sesión fotográfica en los muelles; al Jonhy!!!!!!!, el mejor DJ del ejérrrrcito cenagueador, la Pesadilla del pantano; a la pequeñita Elizabeth tan dispuesta y pispireta; a Liudmila y sus silencios hondos y su sonrisa cálida… al montón de gente buena y querida de este tercer viaje bloguero.

A la única que no extrañé fue a Patricia. Supongo que no tengo que exponer razones.

En fin, que me desperté hoy, perdida en medio de mi cuarto, como si el hogar fuera en otra parte y no allí. Y me volví a enterrar en mi almohada con un verso de suspiro: wake up when September… arrive.

Comienzo del final de una historia cenaguera

Tomado de ¨De donde crece la palma¨

Le ha dado vueltas y vueltas a las historias. No sabe por dónde empezar porque nadie creería que en tres días le sucedieran tantas cosas.  Sigue escuchando la voz desafinada frente a los de su grupo de blogueros y de los chicos Korimakaos y no puede evitar reprocharse tal papelazo.

Más allá, ve las descargas trovadorescas y las peticiones de Raúl , Rodo, Joy, El Chiringa, la Chely y el Koka al pie de un sofá, o parado en el closet, compartiendo espacio con tres en la litera.

Como de costumbre en su libreta desearía atrapar cada gesto de los nuevos amigos que descubrió y no dejarlos de mencionar a pesar de ser ranas, clarias , cocodrilos, u otro animal , pero la mente siempre falla . (No obstante a eso, Camilo… me mataste y echaste pa lante)

No olvida tampoco la solidaridad de Mary por acompañarla en el pánico a las ranas y en ciertas camisas blancas enfangadas, la dulzura de las mariposas, las nubes, las alas y raíces ,  la soledad acompañada de Luidmi, la preocupación de Karina (menos mal que logramos emborracharla), como tampoco las sanas disputas de Ulloa , la Joven Cuba y Darío sobre los explotes  troskianos.

La parejas de Koka , Joy y Doimeadios, Darío Alejandro y Albita , Chely y Carlos son los binomios perfectos para invocar las palabras y desearles mucha vida juntos.

Caballeros: este es solo el comienzo del final para las crónicas de la Ciénaga , aunque me alegra sacar estas palabras de adentro para decirles que siente un orgullo pertenecer a la blogofera sin s; a los soñadores empedernidos , a la guerrilla caminadora de 13, 14 0 15 km en día gracias a Yuliesky Gourriel.(la odio, la odio, la odio)

Gracias, no estamos solos para cambiar el mundo.

La Ciénaga: Sigo creyendo en los sueños

Por István Ojeda Bello en el Blog Cuba Izquierda

“Vengo de allá de la ciénaga, del redimido pantano”, la frase del Indio Naborit es demasiado buena como para no repetirla pues así regreso yo también: con un montón de historias; unas se deslizarán como susurros tornándose en palabras y otras se me quedarán muy dentro del pecho. Vuelvo reafirmándome en la fe en los sueños, sin importar el cansancio, los prejuicios, los miedos, las dudas, los arranques o las heridas del pasado que de vez en cuando duelen por debajo de las cicatrices.
Fui a la Ciénaga de Zapata tras los pasos de los milicianos y las mil y una anécdotas leídas sobre la temeridad de aquellos que, tras los cañones de una “cuatro bocas”, se batieron contra los mercenarios a una edad en que uno apena piensa cuando tendrá su primera vez.
Desde el arribo al Central Australia late el recuerdo de las épicas escenas de abril de 1961 en tarjas a veces con un solo nombre quizás aludiendo algún ametrallamiento de aeronaves que atacaban con falsas insignias cubanas. Pero en los accesos a Playa Larga y Playa Girón, las listas empotradas en las losas prefabricadas crecen en una señal inequívoca del fragor de los combates ocurridos hace más de 50 años.
Mientras, en Sopillar, bulle todavía la huella de una cena nunca vista en estos previos allá por 1959. Hasta allí llego Fidel para celebrar la Noche Buena hecho que marcó el fin del olvido del lugar.
“El cienaguero no vive en la ciudad pero tampoco es un campesino”, nos dicen. Tal vez porque allí la agricultura es escasa y la costumbre de cazar ha sobrevivido a los embates de la modernidad; o porque la gente vive con su propio ritmo y un sentido del respeto hacia lo ajeno que deja poca oportunidad a algún forastero que pretenda alterar la paz de unos asentamientos y poblados donde prácticamente todo el mundo se conoce.
La ciénaga es Amado un viejo carbonero que una vez fue patrón de barco y tiene el mismo semblante serio pero profundo del que hablara Onelio Jorge Cardoso en sus cuentos. La ciénaga también es el Korimakao, un conjunto que está defendiendo un sentido de hacer arte en peligro de extinción.
Pero la Ciénaga, para mí, también fue abrazar a los amigos y hacer nuevos. Fue escuchar y opinar sobre el país y la blogosfera que tenemos y queremos. La ciénaga fue sobre todo seguir aprendiendo a ser feliz.

Korimakao: La pasión por un arte puro

Por István Ojeda Bello en el Blog Cuba Izquierda

Un actor de renombre, la mística de una serie o las “toneladas” de historia que bullen en la Ciénaga de Zapata son las referencias que en Cuba se vinculan a la palabra Korimakao; aunque pocas veces se sabe que tras ese vocablo vive la pasión por un arte diferente soñada en 1992 por el comandante de la Revolución Faustino Pérez y abrazada luego por Manuel Porto.
Este Conjunto Artístico Comunitario se antoja como una Torre de Babel a la cual acuden artistas de todo el Archipiélago a quienes no se les exige formación académica previa, solo un poco de talento y muchas ganas, dice Yander Roche Miralles “Cuco”, el director artístico general.
En la memoria de los más viejos están frescos los años de la década del 90 cuando las condiciones de vida y trabajo del Korimakao eran muy duras. Situación que cambió radicalmente tras la visita de Fidel a la Ciénaga en 2001 con motivo del 40 aniversario de la Victoria de Girón. Gracias a eso hoy disponen de una sede en el poblado de Pálpite con oficinas, cocina, comedor, salones de ensayos para los grupos de teatro y música, un anfiteatro y apartamentos para dar cobija a los artistas.
Las historias de mis coterráneos que allí trabajan: Ariana Andrés González y Alejandro Ramírez Pompa pueden ser una manera de saber cómo es la vida aquí.
Cuatro años atrás Ariana trabajaba en una tienda recaudadora de divisas de Las Tunas y a través de amiga supo de la existencia del Conjunto. “El comienzo fue muy fuerte, porque el grupo de teatro llevaba unido más de un año y yo solo tenía algunas nociones de teatro adquiridas en los talleres en que había estado pero nunca me había dedicado a eso. Tuve que adaptarme lo más rápido posible porque enseguida ya tenía un personaje y para colmo protagónico”, dice.
Cuando llegó aquí en 2012 traído por su vecina Ariana, Alejandro venía con la experiencia de su paso por la Escuela Vocacional de Arte en las especialidades de danza y ballet y en cortos períodos en dos compañías danzarias. Sin embargo, “como se dice, tuve que montarme en el tren andando porque faltaba menos de un mes para el espectáculo principal que hace el Conjunto cada 18 de abril. La mayor diferencia la noté en el sentido que se le da al arte. Aunque en muchos otros lugares se trabaja con aficionados, aquí las personas y la preparación de los artistas es muy diferente”.
“A Korimakao –explica Ariana- lo distingue el ambiente de familia que se respira. Pasamos prácticamente viviendo juntos todo el año pues solo vamos a nuestras casas en diciembre. Además la relación con el público es especial. En poblados como Santo Tomas y Guasasa que son muy alejados, la gente llora cuando nos vamos y eso que nos quedamos toda una semana en cada lugar durante los dos meses completos que duran las giras que hacemos anualmente por toda la Ciénaga”.
“Desde que uno entra te dejan bien claro que el objetivo del Conjunto es hacer sentir bien a las personas con un arte que ellos sientan como propio. Venimos aquí a experimentar y crear para las personas sin hacer concesiones al afán de lucro”.
¿Sueños? Tienen muchos. Al respecto responde Ariana: “Una gira nacional. Y no necesitamos mucho porque como el significado de nuestro nombre, siempre andamos con la casa a cuestas. El otro es cumplir la aspiración de Manuel Porto de ser un Centro Internacional de Arte Comunitario al que puedan venir grupos de otros lugares del mundo”.
Korimakao se ve a sí mismo como un conjunto en crecimiento con todo lo duro que implica ese proceso. Ya piensa en cómo adaptarse a los cambios anunciados en la ejecución de la política cultural en Cuba, particularmente para conjuntos como este, hasta ahora subvencionados completamente por el Estado. Asimismo tiene ante sí el desafío de impedir que el paso del tiempo convierta a los cienagueros en meros espectadores de su arte.

¡Cuéntame otra historia! (Gracias Chiringa por pedirlas)

Por István Ojeda Bello en el Blog Cuba Izquierda

Eran demasiadas páginas leídas, sitios  solo vistos por descripciones y relatos que, sin la menor intensión, lo aseguro, de serrucharle el piso a guía alguna, no pude aguantar las ganas de contarlas.

“La balsa de goma se separó de la embarcación rápida y sus ocupantes, cinco hombres ranas y el oficial la mando Grayston Linch (Gray), silenciosos, la dirigieron hacia la costa.  Sus rostros, al igual que las ropas que usaban, trusas, camisetas y patas de rana, estaban teñidos de negro. (…) Los hombres ranas se estacionaron a intervalos, y comenzaron a nadar hacia la playa observando el fondo del mar en busca de obstrucciones (…) Era la hora H del Día D. La Brigada de Asalto 2506 se aprestaba a realizar un desembarco anfibio”.(*)

La valla con el “Hasta aquí llegaron los mercenarios”, los míticos Sea Fury, terror de las embarcaciones invasoras, las historietas de aquellas botas combatientes que desde los pies de un miliciano impulsaban en giros de 360 grados una atronadora “cuatro bocas”; todas se salieron de las páginas y estaban frente a mis ojos.

“El comandante José Pérez San Román, de origen cubano, después de recibir la orden del oficial norteamericano Grayston Linch, que permanecía en la costa, instruyó a sus subalternos para saltar a las embarcaciones que los conducirían hacia Playa Girón. (…) Lejos estaba de imaginar que dos semanas más tarde analizaría con Fidel Castro, sentados en el suelo d una celda, los pormenores tácticos de la batalla. (…)

 El capitán José Ramón Fernández desconocía que una fuerza enemiga había desembarcado. Estaba lejos de sospechar que no pocos de los cuadros de mando de la Brigada 2506 habían sido alumnos suyos, entre ellos José Pérez San Román y Eneido Oliva, jefe y segundo jefe respectivamente. ”

¿El incendió del Encanto fue coordinado junto con la invasión? Me preguntan justamente cuando pasamos frente a la foto del edificio calcinado. “No lo creo. Todo el mundo sabía que la invasión venía y la tarea que tenía era hacer sabotajes de todo tipo”, respondo.

 “Carlos se encontraba ahora en el departamento de telas, un sitio ideal para provocar un gran incendio. Deslizó una de las petacas entre los rollos de tela y regresó al pasillo, avanzó uno pasos y se introdujo en otra estantería; allí repitió la acción, se sentí seguro. (…) Minutos después, Carlos abandonaba la tienda. (…) En el interior de El Encanto, una explosión, seguida de otra, inició un incendio en los anaqueles de telas. (…) Los bomberos, auxiliados por cientos de voluntarios, vertieron hasta el amanecer toneladas de agua sobre el edificio en llamas. (…) Pero al despuntar el alba, la mayor tienda de Cuba ya no existía. (…) De los escombros, varios días después eran extraídos los restos de una empleada.”

Estamos en Girón.

“Esa franja de tierra firme pegada al mar y con un ciénaga delante, constituía una magnífica cabeza de plaza. Pero no fueron los expertos de la CIA los primeros en descubrir sus cualidades naturales. Estas costas fueron refugios seguros para los piratas. El más conocido, Gilberto Girón estableció su campamento en la playa que hoy lleva su nombre.”

Me lanzan una mirada de dulce incredulidad ya conocida, pero la siento como una delicada alerta por mis “leguleyeces” o de que me estoy propasando y no dejo a los demás apreciar por sí mismos el lugar.

Sopillar… Escucho un canto de pájaros que me resulta familiar. Luego sabría que eran los tocororos, tan quietos que parecen acostumbrados a las miradas estos niños grandes que los contemplaban deslumbrados porque ya no eran un dibujo de libro escolar.

Una mesa grandes ¿Dónde hacer la foto? … ¡Ya! A la derecha de su silla.

 “Cuando poco después llegó Fidel en el helicóptero, yo estaba buscando un saco de carbón. Me hizo mil preguntas. (…) Me dijo que venía a pasar la Nochebuena conmigo. Él trajo puerco y medio, pero ese no se tocó, solo se comió el rabito y fue Fidel. (…) Estaba de lo más contento. Recuerdo que me dijo: ´Ustedes va a ver que aquí van a entrar las guaguas de La Habana`. Yo pensé que se había vuelto loco. Pero quien te dice a ti que en la Nochebuena del 60 ya estaba tirada la carretera y entraban las guaguas de La Habana”.

Los escasos metros de que disponían los revolucionarios para avanzar, no eran ya cosa de estimarlos, sencillamente ahí estaban ¡claritos!, con unos pocos pasos a cualquiera de los lados de la carretera, la ciénaga te abre sus fauces dispuesta a tragarte.

“Empezamos a avanzar en medio de aquella noche por el terraplén. Habíamos avanzado poco cuando uno de los hombres me dice bajito: Teniente –yo no era teniente parece que el hombre estaba nervioso-, por ahí viene gente. Al colocar las BZ a suelo, las paticas sonaron. Entonces oímos a uno de los que venía. ´ ¡Alto ahí! ¿Quiénes son ustedes?`  ´El 339 de Cienfuegos –le respondí- ¿y ustedes?` ´La compañía E del segundo batallón`. ´Eso no existe en Cuba`. Entonces un mercenario por el otro flanco grita: ´Somos del Ejército de Libración, no vinimos a pelear contra ustedes. ¡Ríndanse!`.´ ¡Fuego!`, grité”.

Cuán largos pueden ser los cinco kilómetros y medio que separan a Pálpite de Playa Larga si los andas a pie, en plena noche-madrugada ya no estarán más en el apartado de las especulaciones; son ahora un recuerdo nítido. Es un trazado tan recto que las distancias parecen agrandarse y entonces uno piensa en cómo habrá sido para los muchachos del 339 a quienes les tocó hacer el mismo trayecto pero con la incertidumbre de no saber a qué se enfrentaban.

´Atención, aquí la vanguardia, ¡llegamos a la entrada de Playa Larga, seguimos avanzando!` Minutos más tarde sugiero otro mensaje, expuesto a que Rodolfo me lo niegue pues ni siquiera le pregunté por si disponía de saldo en su móvil. No dice nada así que sigo adelante ¡Atención, aquí la vanguardia, tomamos Playa Larga, repito, tomamos Playa Larga! …


* Todas las citas textuales pertenecen al libro Girón. La Batalla inevitable. La más colosal operación de la CIA contra Fidel Castro de Juan Carlos Rodríguez que llegó a mis manos de adolescente casi de manera furtiva.

Ciénaga sin cocodrilos

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Tomado del Blog Reflexiones de Raúl

Todavía no habíamos llegado a la Ciénaga de Zapata y ya estaba pensando en todo lo que tendría para escribir a mi regreso a la ciudad de los tinajones. Ese primer día en Matanzas me encendió el bombillito de la motivación, y los posteriores, en la tierra de los pantanos y cocodrilos, me regalaron muchas ideas más.

Ideas que me acelaran la mente, pero me asombran a la vez, pues ya es sabido que soy un poco vago para contar historias. Mas esta aventura sin precedentes se merece le dedique lo mejor de mis neuronas y mi tiempo.

Y es que para momentos como este tener un blog resulta lo ideal, pues es tu propio periódico para publicar lo que se te antoje y cómo se te antoje.

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Entonces… cómo no rememorar pausadamente esos mágicos cinco días, cómo no hablar de todos los amigos que conocí. Sería egoísta de mi parte obviar el más mínimo detalle, por lo que mejor me dedico a contar por pedacitos todo lo que viví.

Que si la guagua debía salir en la mañana y no salió, que si el pollo prometido por Arnaldo al final se convirtió en mortadella. Que si el museo de Playa Girón, la Cueva de los Peces, el batey de Soplillares donde cenó Fidel en la nochebuena del 59…

Cómo no escribir de la primera vez en mis 24 años y medio que pude ver en vivo un tocororo, o sobre aquella épica caminta propiciada por la noble Patricia para llegar al infame Pozo de la Clarias.

tocororo

Y por supuesto, no podían faltar las líneas dedicadas a la gente de Korimakao y a todo lo que hacen por la comunidad cenaguera, ni tampoco a esa absurdez que la da nombre a este post: fuimos a la Ciénaga y no vimos ni siquiera un pichón de cocodrilo.

En fin, son muchas, muchísimas las experencias que traje conmigo hasta mi Camagüey… y todas no me alcanzarían para contarlas de una sola vez. Por lo que así nace esta sección de las Reflexiones dedicada a esta aventura de blogueros locos amantes de su Cuba.

En-la-cueva-de-los-peces

Mujer con la casa a cuestas

Las SalinasPor Susana Vázquez

Desde que el viento comenzó a acariciar mi rostro fuera de la ventanilla del tren 14, auguré un viaje diferente. En mi mente recreé pantanos, cocodrilos y el verdor de la vegetación. Visualicé mi rostro llenó de sudor de tanto caminar, el constante picar de los mosquitos y mi cuerpo exhausto.

Con el paso de los días, esas imágenes quedaron borradas por la realidad, la Ciénaga de Zapata va mucho más allá del fango y los caimanes, es una experiencia que hace falta vivirla para comprenderla y no quedar atados a las representaciones de los libros y el cine.

El acercamiento al lugar estuvo acompañado por una guerrilla de blogueros de diferentes partes de Cuba, seguidos por la complicidad de escribir realidades o ficciones desde distintas miradas. En una guagua Girón invadimos Pálpite (pueblo de la Ciénaga) y conocimos el significado de hacer arte en precarias condiciones.

En aquel lejano sitio descubrí Korimakao, un grupo de teatro comunitario fundado hace 21 años por el reconocido actor Manuel Porto. En su sede montamos nuestro campamento y entre colas para el baño y luces encendidas a las seis de la mañana que indicaban la hora de levantarse, recordé mis años de preuniversitario.

A Korimakao lo guardo en mi memoria como el vivo ejemplo de la persistencia. Se trata de gente que con poco o nada intenta crear y comunicar su obra entre comunidades de humedales, llanuras y montañas. Varias veces al año colocan su hogar en las espaldas y comienzan el peregrinar por sitios a veces inimaginables. Al igual que ellos, yo también paso parte del tiempo con la casa a cuestas.

De los disímiles sitios del municipio más grande del país pude conocer algo de la Cueva de los Peces, Soplillar y Las Salinas (reserva ecológica). Cada uno es un pequeño universo dentro de la inmensa zona de pantanos.

A Las Salinas lo retengo en mis pupilas por la tranquilidad y paz que dejó en mí. Quizás no vi el prometido paraíso de aves, pero la pasividad de las aguas y esa extensión de mar que parecía no terminar, me ayudaron a percibir una pequeña parte de la vida cenagosa.

En aquellos días me sentí un poco desilusionada y disconforme, sentía que andaba por diversos parajes, pero que aún no conocía la Ciénaga de Zapata. El sentimiento continuó, incluso persiste aún, pero disminuyó durante la caminata en busca de un preciado lago, que resultó un charco poblado por las clarias.

Al regreso del frustrado andar vi al lado del camino varias casas de campesinos, con una precariedad tal que incitaban al viento a llevárselas. Miré a un hombre triste, acomodando los trozos de maderas para iniciar el proceso del carbón. En ese rostro vi la ciénaga.

El viaje resultó incompleto, hasta faltaron los cocodrilos, pero también conocí personas especiales que sienten cada letra escrita y van a favor y en contra de las mareas. Gente que sin conocerme propiciaron que pasara un feliz cumpleaños y se desvivieron por lograr la travesía.

Playa Larga al atardecer y luego en medio de la madrugada, con una luna casi llena y los juegos de Rodolfo para combatir el frío; una guerrilla de blogueros, Korimakao, Las Salinas y aquel viejo afligido, me permitieron descubrir una parte de la tierra de los humedales.

Viví la experiencia de un lugar diferente, con ocasos marcados por cierto misterio nostálgico y la incertidumbre de qué puede esconderse detrás de la maleza. Ahora tan solo me queda esperar por una nueva oportunidad para cargar de nuevo mi casa e iniciar un viaje de reencuentro y descubrimiento del fango, el mar y el carbón.

DE LA CIÉNAGA QUE NO ME PERDÍ (I)

Pensé seriamente en no ir, lo confieso. Hoy doy mil gracias por haber estado, por haber tomado el lado de la intuición, el corazón, el cariño, el embullo y no el de la razón o los pendientes. De lo que me hubiese perdido de no haber ido!!!!

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Por Elizabeth Expósito Bello

Primero, de haber montado en un tren regular por primera vez. Caballero, el que no se ha montado en un tren no sabe lo que es la vida, esa experiencia hay que vivirla para sentirla. Es exhuberante, exhorbitante, irritante …todos los ante.

Yo nunca olvidaré el guantamero en el que me estrené con sus gentes tiradas en el pasillo entre vagón y vagón, su churrero, los férreos olores, la bulla, los llantos infantiles, los gritos de los pregoneros. Un tren integral en el que hay para todos los gustos y exigencias y donde cualquiera que se aventure a comprar puede adquirir desde todo de tipo de productos alimenticios, entre los que se encuentran aguachinganga teñida que te venden a cinco pesos como refresco gaseado de cola; hasta aguardiente y viña, esta última por solo diez pesos la botella; y lo mejor cascarilla, huesos, o gajos de vencedor y alicates de uñas.

Además de no haber ido me hubiese perdido de aprender, de escuchar a los bien saben y viven y experimentan con blogs y redes sociales en Cuba como la Chiringa, el Koka, la people de la Joven Cuba, la Tuny…,etc.etc.. Sí, porque a este viaje yo fui a aprender, también a otras cosillas… pero sobretodo a aprender y experimentar.

De no ir no hubiese podido ser escucha de serias, acertadas, oportunas, medio que filosóficas y acaloradísimas pero amigables discusiones, casi disertaciones, diría yo, entre jóvenes de a pie, como gusta decir, sobre el futuro de nuestro país, de nuestra Revolución, de nuestra Cuba, sobre lo que debemos y nos toca hacer a los jóvenes de hoy para garantizar el mañana y para preservar lo que tenemos, sobre sociedad, economía, historia, periodismo, el día a día.

Faltar me hubiese privado de tres noches sin sueño muy bien empleadas en:

Noche uno: viaje en tren de 14 horas con punto clímax al avistar la Bahía de Matanzas y las luces de la ciudad bajo los destellos de la luna en el pequeño encuadre de la ventanilla del trasto, digo tren… y ohhh paraíso, la sangre puede nuevamente circular; y un poco más tarde la bienvenida de un puente de película, tras montarnos en coche crujiente que creímos nos dejaba a medio camino.

Noche dos: tomadera, con sustancia extraña e inflamable preparada por Kmilo (el adorable químiko de la tropa), después completada con otras botellas compradas en Pálpite; además bailadera y/o gozadera fuera de los límites habituales en el ranchón o plaza (no sé bien como llamarle) del poblado, hasta las no sé que horas de la madrugada, con concierto de Pesadilla y otras clásicos olvidados.

Y sobretodo de mi primer, delicioso e insuperable chapuzón nocturno en el mar, con agradable brisa, juego de fútbol rugby marino y picaduras de mosquito (en cantidad) y caminata de diez kilómetros incluidas, todo bajo la luz de la luna llena. (Noche tres)

No ir me hubiese quitado además ver, bailar, abrazar, besar, jugar y conversar nuevamente con amigos ya conocidos, a quién admiro por su talento y cualidades y por lo que hacen en las redes sociales a pesar de las carencias, como el súper trío compuesto por la incomparable y sagaz Tuny, la laboriosa Yurislenia y la pequeña pero aplastante Carmen Luisa y el dúo dinámico del noble caballero de brillante armadura Kmilo y el pícaro e innovador Rodo, siempre con juegos nuevos y viejos para ofrecer; Mary Romero, la imparable; el locote de Arnaldo; la dulce y sensible Betsilla y los chicos de La Habana; Diane y Joy, los tortolitos, el Koka, Claudio; Darío, que hizo gala de su virtuosismo en las pistas de baile, entre otros, que nos recibieron y a quiénes recibimos con lemas, bombos y platillos.

Pero sobretodo me hubiese quitado el conocer e interactuar, en vivo y en directo, con extraordinarios blogueros y colegas a quiénes solo había visto en pantalla como la Chiringa (Carlos Alberto, para los que no lo saben); la siempre cumpleañera Susana y el atrevido Raúl, de la tropa de los Tinajones; la atenta y siempre preocupada por todos Thaidi (Esposa del Koka); la experta en el juego del asesino Albita (novia de Darío) y todos los demás.

Si por casualidad hubiese faltado no hubiese tenido la oportunidad de intercambiar y conocer más estrechamente a los osados y virtuosos artistas del Conjunto Artístico Comunitario Korimakao que, con sus casas a cuestas, en guerrilla, como nosotros los blogueros, han revuelto y transformado la Ciénaga en paisaje natural cultural.

Con aquellos que buscan y trabajan más de doce horas diarias por un arte nuevo, libre y completo, los blogueros, también compartimos otros puntos en común, como la realidad de con poco, muy poco, mucho se puede hacer y revolucionar y mejorar; que lo establecido no puede ser barrera para lo bueno, para el talento, para la belleza, la sensibilidad y los sentimientos, la voluntad y el esfuerzo.

De haber estado ausente me hubiese quitado el priveligio de explorar paisajes naturales paradísiacos como la Salina de Brito o la Cueva de los Peces, de volver a Zoplillar, al Museo de Playa Girón y al Memorial confeccionado por Kacho en recordación al aniversario de la Cena de Nochebuena de los Carboneros con Fidel.

También me hubiese quitado la caminata de tres kilómetros o más, no estoy segura de cuántos fueron exactamente, bajo un muy picante sol, detrás de la súper nice e inteligente guía Patricia, en la búsqueda del laguito-charco de las clarias carboneras.

Hoy ya sé que de no haber ido a la Ciénaga con los Turquineros, Nicheros, Cocodrileros, Blogueros Viajeros me hubiese perdido de las picadas de mosquitos, de reír, bailar, desentonar, caminar, intercambiar, polemizar, de crecer, amar, revolucionar y evolucionar.

Elizabeth y el octavo coche

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Por Liudmila Peña Herrera

Elizabeth jamás había montado en tren, por tanto, no podría recordar que, siendo muy niña, sus abuelos le acomodasen toallas en el suelo de la terminal de La Habana porque el pesado gusano metálico venía con más de 10 horas de retraso. No guardaría en su memoria lo aburrido que era mirar por la ventanilla los mismos campos llenos de pasto y la cara cansada de sus abuelos, y el rostro sin tema de conversación del vecino de asiento. Sí, porque aquel tren tenía unos compartimentos parecidos a los cuartos, con asientos colectivos situados unos frente a los otros; pero a diferencia de los dormitorios, en el tren había que dormir sentado. Y eso hubiese molestado mucho a Elizabeth de haberlo sabido. Pero Elizabeth nunca había montado en tren.

No sabía de confusión de olores divinos con malolientes sustancias humanas, ni imaginaba siquiera que para montar en tren había que estar listo para convivir con insectos que a uno le han enseñado a repudiar de por vida. No lo sabía, no.

Por eso Elizabeth, esa niña grande y rubia que adora las aventuras como lo más grande en su vida, estaba loca por montarse en aquel traqueteo de metales sin sospechar las grandes peripecias que le esperaban.

Debo aclarar que dos días antes del viaje, la casta jovencita había escuchado los cuentos más inverosímiles que jamás imaginara. Contaba una mujer que había conocido a un narcotraficante. Y ahí Elizabeth abrió grandes los ojos y disimuló no haber escuchado nada, porque no entendía cómo alguien se atrevía a contar desquisiados sucesos delante de todo el mundo.

“El tipo me llevó a su apartamento porque la mujer estaba en Suecia. Pero era todo una mentira del hombre. La mujer no estaba en ninguna Suecia y el tipo trató de violarme y después llegó la esposa y me cayó a golpes”, contaba exagerando los gestos aquella negra despeinada y de pies sucios.

“Pero ‘ripié’ a la mujer del tipo y salí corriendo de allí, mientras el narco me seguía gritando como un loco y yo no sabía cuándo y en qué iba a parar todo aquello”, decía la mujer y miraba a Elizabeth fijamente, como escudriñando dentro de sus ojos si aquella muchachita rubia le estaba creyendo, buscando el miedo detrás de aquellas claras pupilas, a causa de la película de acción y suspenso que la negra relataba apasionadamente.

tren Cuba

Después se abrió la ventanilla y Elizabeth saltó de su asiento para comprar el boleto que la llevaría a Matanzas, en un viaje profesional y a la vez de divertimento. Y en este punto adelanto dos días y medio de esta historia hasta el momento en que Elizabeth está en Cacocum, municipio holguinero, riendo con esa sonrisita fina y estruendosa, mientras agarra sus bultos para subirse al tren.

Tiene asiento en el octavo coche, pero sube en el segundo porque el tren está pitando y hay una gran confusión humana en el andén. Intenta llegar al segundo coche repleto de gente aglomerada en la puerta. Casi no la dejan subir y a partir de ahí comienza la verdadera historia de su primer viaje por ferrocarril. Pide permiso, permiso, bajito, un poco más alto; pero no sirve. Hay que gritar, desencadenarse, para que todo ese tropel se aparte y la deje subir. Por eso, empieza a empujar con las manos, con los pies, con los codos y la mochila va golpenado a ambos lados del pasillo, mientras los guantanameros (el tren venía de la provincia de Guantánamo) que no quieren moverse, le gritan: “Blanca, no empujes”, “¿Eh, eh, qué está pasando, compay?”. Pero Elizabeth simula no escuchar y va dando tumbos por todo el pasillo, y el tren se pone en marcha, y los coches no tienen identificación, y de la ferromosa ni rastro, y todo el mundo le dice: “No, no, el octavo coche está al final”. Hasta que por fin llega a su sitio. Mira el número del asiento, vuelve a rectificar su boleto y efectivamente, hay alguien sentado donde supuestamente ella debe hacer el viaje. Le señala al hombre el asunto. Este la mira tranquilo y responde: “Bueno, como yo soy un caballero, te doy el asiento”. Y ella se queda pensando cómo podrá ser que en la agencia de viajes le den el mismo puesto a dos personas distintas.

Después comprende que no, que hay muchos polizones en todo el tren. Van parados en medio del pasillo, sentados en los rincones, acostaChely y Carlos, una parejita integrante del grupete de bloguerosdos sobre colchas sucias en el suelo del tren, tomando ron entre coche y coche y diciendo groserías a las muchachas que pasan. ¡Hasta niños polizones viajan por ferrocarril!

Elizabeth no lo entiende. ¡Con lo poco que cuesta un pasaje en tren! Y para colmo, a algunos les cobran el doble del pasaje por haber montado ilegalmente; pero, claro, no les dan puesto alguno para sentarse.

Mira por la ventanilla. Campos eternos a lo lejos, como sucede en el mar. Desde su asiento no puede ver al vendedor, pero sabe que en algún punto del tren, alguien vende guayabas, porque de pronto ha comenzado un tráfico de personas con la fruta por todo el pasillo repleto. Son unas guayabas grandísimas y olorosas, pero ella está guardando presupuesto para su aventura en la Ciénaga de Zapata, donde se reunirá con amigos blogueros y twitteros de toda la Isla.

Chely y Carlos, una parejita integrante del grupete de blogueros

Hace calor, llueve afuera y adentro el tren parece más una terminal que un transporte en movimiento. Bueno, la verdad tampoco está en movimiento. Se ha parado hace un rato y nadie explica el por qué. Nadie lo sabe pero ya hay gente rezando para que no se haya roto. “Busca una manguera soviética. Repito, una manguera soviética”, pasa casi corriendo un empleado del tren hablando por su walkie-talkie. En el octavo coche, los pasajeros bromean con las mangueras y las soviéticas, hasta que el tren hace un ruido grave y sorpresivamente echa a andar.

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Jonny, compañero de Elizabeth, quien de vez en vez le prestó sus auriculares

Son muchas las posiciones que Elizabeth adopta en el tren: fetal, enrrollada como una oruga, con la cabeza tirada a un lado y a otro, mientras dormita en el asiento… Jonny le presta sus auriculares y es un alivio para Elizabeth dejar a un lado tanto ruido metálico. Atrás van el resto de sus compañeros holguineros, quienes, de vez en vez, le gritan: “¡Elizabeth!”. Y ella salta de su asiento y ríe, mientras los otros oprimen el obturador para dejar constancia del momento.

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Ya Elizabeth está impaciente. Han pasado muchos pueblitos y ciudades, van más de 12 horas de viaje y de Matanzas ni rastro. Entonces, la ferromosa, que ha estado sentada un buen rato con un tipo que no deja de fumar, le indica al grupete de Eliza que si van para Matanzas ya pueden ir adelantando coches. Y ella se levanta entusiasta, pero menos que antes de montarse, a eso de la una de la tarde, allá en Holguín. Son cerca de las 2:20 am cuando los seis empiezan la travesía de regreso al segundo coche. Dando tumbos, pidiendo permiso, casi empujando, como al principio. Al final, llegan hasta una larguísima cola de pasajeros que ya se han dispuesto a bajar, aunque poco después comprenden que han sido engañados, que el tren tiene aún dos paradas y tres poblados por recorrer. Se rinden. Bajan las mochilas y se entretienen con el llanto de un niño, los pleitos de un señor al que le ha caído un pomo lleno de frijoles en la cabeza y un montón de sucesos más.

Casi una hora después, las luces hermosas de la Atenas de Cuba adornan a los lejos la bahía matancera. El tren pita, la gente se revuelve dentro, otra vez suben las mochilas a los hombros cansados. Ha sido un viaje muy largo e incómodo, pero ya la Elizabeth de esta historia sabe cómo es viajar en tren.

 Viaje a la Ciénaga: Korimakao o La ilíada del (a)prisa

El director artístico de Korimakao, Yander Roche, Cuco, en la bienvenida a los blogueros.

El director artístico de Korimakao, Yander Roche, Cuco, en la bienvenida a los blogueros.

Tomado de Fomento en Vivo

Podría empezar como el post anterior y no podré engañar a nadie. Quizás hubiera sido así: Anhelaba volver a la Ciénaga, más esto, más aquello, pero qué va! Korimakao, ni el Martí de Cuco  me dejarán mentir.

Esta vez tenía tremenda prisa, solo ahora me di cuenta de la necesidad de vivir todo con mayor intensidad, como si pudiera escudriñar las trampas del tiempo para que los amigos se pudieran quedar ahí, en un bolsillo del bolso, en cada sorbo de café, en los abrazos que a toda hora le daba a los nuevos miembros de mi familia como si fuera a perderlos y es que sí era verdad la catarsis de la soledad, tendría que dejar todo atrás otra vez.
En el Turquino tuve la sensación, el Nicho la angustia de la ausencia, en la Ciénaga la plena seguridad, ni con sesenta años a cuestas dejaré de ser una Korimakao, tras los sueños utópicos y realidades de los cubanos en cualquier rincón de la isla.
Esta vez, aun entre mis apuros criollísimos por el café, el tabaco y el ron, me sentí más cerca de lo que algunos llaman paraíso en ciertos libros antiquísimos en los que poca gente, pero muchos se escudan.
Nuestro Naldo tuvo en sus manos la mayor felicidad de mis últimos años, esa tangible sensación de que la brisa con la mezcla de mar y del humedal me despeinaran de prisa, y la mayor, nunca se la conté a mis amigos, conocer a una verdadera ciudad arte, perdida en las inmediaciones, como un fotograma de una legendaria película clásica que vive entre mis beat más fuertes.
Alguien me dijo una vez, Fomento debe llamarse Ciudad Arte Olga Alonso y es mi pueblo, mitad llano, mitad montaña, con su bucolismo y entorno ecléctico, respira la panacea de cada marzo, entre los telones y las máscaras de cada Festival, la calle Más Teatro, el Parque de los Zancos y los saltarines niños que acuden al canto del teatro de calle.
A 16 años de vivir los sube y baja del evento Olga Alonso, pude en el inicio de la primavera, conocer una verdadera ciudad arte, esas de las que nadie escribe o de la que se habla a veces, como si no existiera o fuera cosa del pasado.

Yankiel-Sancti-Korimakao-Cuba

El espirituano Yankiel Toledo en una versión reciente de la obra La Hoguera, la primera pieza teatral del Conjunto Artístico Comunitario Korimakao.

El Cuco y su gente del Conjunto Artístico Korimakao como el versátil Víctor del café y los audiovisuales, el Yankiel espirituano nuestro de cada día y la Patricia con su ensueño de errores a lo Yuly, me nublaron los ojos más de una vez.
Nunca mis amigos supieron ni una vez de mi temblor, porque desde que llegué, no dejé de reír y bailar, incluso cuando el camino a la charca de La Piojota me dejó en carne viva hasta el alma de mis pies.
No creí nunca que viviría un sueño así, disfrutar lo que Fomento no ha sabido salvar del monstruo de la burocracia y la desidia, desde que soy niña. Es eso y no más la última voluntad que Olga le dejó a los instructores, al arte y a Cuba, la creación genuina desde el pueblo de la música, danza, plástica y teatro, todo imbricado.
Que emergiera la cultura comunitaria, como un espejismo posible en el desierto material que vivimos, sin afán de lucro, con una purísima fe martiana, como ese espejo de ciudad Korimakao, que solo el imprescindible Porto, los sueños de Faustino y la realeza de Fidel, pudieron salvar del naufragio en pleno Pálpite de la Ciénaga.
Y desde la nueva aventura, nuestra comunidad bloguera ha decidido consagrarse con sus 31 más fieles Salvatore de la guerrilla, por que siempre el agua de la espiritualidad no falte sobre esta tierra de hombres y mujeres con las casas a cuestas.
Ahora cuento las horas y me doy cuenta que me quedé allí. Caramba, y ¿quién está aquí por mí? Me veo a más de 300 kilómetros, entre edificios, acariciando a mi perro Guardián de mirada transparente y humana en la residencia, entre las coladas de café para los amigos, en los divertimentos y debates polémicos de los blogueros, en el Salón de la Risa, en los ensayos de un pasaje de América Latina en las tablas del Anfiteatro tras la huella de Girón y los aires de un nuevo abril.
Me veo otra vez extasiada en la Ciénaga, frente a los Carteles más creíbles que todas las lecciones de historia de la escuela: “Todo lo que usted verá es obra de la Revolución” y más allá, fuera de Palpite “Hasta aquí llegaron los mercenarios”. ¡Y todavía hay quien duda de la clase de pueblo tenemos!
Hasta de noche, creo que sigo allí, con la mirada fija en los mosquitos que nunca me picaron, y con desenfrenada impotencia y rabisca también sigo velando a la puñetera rana que me hizo llorar y correr hasta el cuartito del enfrente, después de ser una prima víctima junto a Liudmila en el jueguito del asesino Kmilo.
Korimakao, ¿qué has hecho con mis otros sueños? Los busco y todo parece nebuloso, solo estás tú y mis amigos. ¿Tienes ideas de tu fuerza, la que no se da en clases, ni se sirve en una bandeja, ni en un discurso improvisado?
¡Cuántos no volvimos la vista atrás porque tú quedabas allí, entre manglares, lecciones de vida y cultura comunista, música, jóvenes danzarines, una construcción inconclusa y una cuenta estrecha, que aún aprieta tu misión, nuestra altruista visión del internacionalismo, del arte soñado por Olguita!
Cuatro décadas después de perdida, la hija de 19 años de San Miguel, reclama una y otra vez desde mi ambiente pueblerino que no muera el arte comunitario, que el buen teatro amateur no pase a ser una quimera más.
Quizás por eso nació la frase más famosa de la joven que siempre quiso tener zapatos nuevos y un puesto bajo el Sol. Esas palabras que hoy, entre tantos post, sueños, fotos y añoranzas desde los blogs cubanos, parecen inspiradas en ti, Korimakao, mi nuevo amor, nuestra ciudad arte de Cuba que merece ser clonada:
“…no quiero que mi escritura se quede sin voz, no quiero que dejen de oírla con los ojos, es mi vocero. Es mi palabra…”
Quedé entonces más mema que de costumbre en el adiós . Entre las despedidas y entrevistas a los espirituanos de Korimakao, nos fuimos aprisa con la certeza de los seres contagiados, con un montón de ilusiones y verdades a cuestas, un tanto más comunicadores, no menos guerrilleros y creativos:
Y yo…sin poder hacer otra cosa, en mi agenda escribo: Mañana debo ser mejor que hoy…limaré mi espíritu en cada gong del nuevo día para merecer tu amor, amor puro, desinteresado, simple e ilimitadamente bello.”
Así surgió la amistad en la blogo(s)fera cubana, esa comunidad, ese otro tipo de ciudad arte que ya realza tanto como las palmas, y cuyo penacho en septiembre, hasta la brisa siempre de prisa en Topes, elevará.

Ocho definiciones de Korimakao

Foto: Alba León

A Porto, Cuco, y Gretel, por la gentileza. 

Por Darío Alejandro Escobar

Foto: Alba León

  1. Korimakao es una esencia. Eso que cuando se descubre y define, es necesario defenderlo hasta al final, porque se corre el riesgo de ser menos que nada.
  2.  Korimakao es un mito, un mito muy popular, porque mucha gente ha escuchado de él, pero pocos lo conocen realmente. Conocer Korimakao es un lujo, un privilegio para el  alma, porque la alimenta de belleza.
  3. Korimakao es un antítodoto, un remedio contra el mercado, contra la vida agitada de la capital, contra los materialismos perversos. Es un proyecto revolucionario que lucha contra la postmodernidad, que le hace la guerra a la zozobra económica con aquella sentencia dicha por un gigante, que en medio del abismo, zanjó el debate con “…la cultura es lo primero que hay que salvar”.
  4. Korimakao es sueño hecho realidad, compartido por mucha gente, que va y viene, que se queda, que se lleva dentro. Korimakao es un oasis en medio de la ciénaga, una ciénaga que alguna vez fue sitio olvidado y hoy es símbolo de libertad.
  5. Korimakao es una utopía, una utopía bañada en pueblo y juventud, como las obras genuinas. Es una metáfora de la Revolución, un proyecto que intenta sobrevivir solo con la fuerza, la voluntad y la inteligencia de su gente.
  6.  Korimakao es un animal, un oportuno que “pide prestado” la casa de un amigo para llevarla a cuesta y sobrevivir. Es una actitud ante la vida, es compromiso, es disciplina, es profesionalidad, es talento.
  7. Korimakao no es Un paso adelante, ni Step up, ni Camino a la fama. Korimakao es Korimakao, un obra real, sufrida y alegre, nunca una construcción mediática hecha por la industria del engaño.
  8. Korimakao es una esencia, un camino sin marcha atrás, algo que marca profundamente a todos sus integrantes, y quizás al viajero distraído, cuando escucha que, “no es lo mismo estar en Korimakao, que ser un korimakao”.
Como tres en un zapato, digo 31

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Por Shely Kaleidoscopio

La Ciénaga era solo un zapato en un mapa, y se llenó de peces azules, de patos feos y lejanos, de fotos de mártires de Girón, de un reptil de cuatro metros de largo que nunca vimos, de un sueño cálido en una casa de campaña en la arena, de luces sobre mí, de rostros somnolientos y felices, de una charca a tres km y el encuentro con el carbonero que recorrió medio mundo.

Era solo un zapato, el escenario de una batalla que leí en libros o el paisaje donde alguna vez vi a Arnaldo acurrucando a un cocodrilo o mostrándolo como si fuera un trofeo de caza. Hasta yo misma me vi con un pequeño rombifer en brazos, pero esa parte nos la saltamos, conspiraron para eso, y no pudimos más que regresar a casa sin la foto del coco-bebé en nuestro regazo.

Ahora los días llegan como si todo hubiera pasado a la misma vez, y no una cosa tras otra: tomar el tren, llegar, abrazar, fuerte… los peces de la caverna vienen en el recuerdo junto con la luna medio manchada que nos alumbró el camino hasta la playa y luego, de regreso, a korimakao (será porque peces y lunas están en las antípodas del paisaje, unos muy arriba y otros bien abajo); recuerdo cualquier vista cenaguera, con la yerba reseca por la ausencia de lluvia e inmediatamente regreso al charco lleno de clarias hambrientas, tal parecía que podían succionarle a uno la pierna o que se prenderían como sanguijuelas; y ahora Descemer o Habana Abierta, me llevan a cualquier parte del viaje, como si fueran su banda sonora, a las discusiones para convencer del “supuesto” asesino, a las cantatas con Betsita y la guitarra en el cuarto, a las luces a lo lejos, las del alumbrado público que debíamos alcanzar en el camino a Playa Larga y las del tren, cuando recorrimos los coches sin luz y solo veíamos siluetas.

La batalla de Girón volvió a pasar por nuestros ojos, esta vez por la 35 mm del noticiero ICAIC de Santiago Álvarez, con un narrador al estilo rimbombante de la época y unas imágenes que no necesitaban mucho aderezo. En aquel entonces, para sentir el pálpito del país solo había que salir con una cámara a la calle, sin analizar o narrar mucho, el sentir colectivo estaba expuesto, no necesitaba canales para desembocar en ninguna parte. Me pregunté más de una vez cómo sería ahora la reacción, ahora que estamos aplatanados porque ya nos acostumbramos a que la amenaza “del imperio” abra la boca sobre nosotros sin que nos coma.

Este viaje lo cambió todo, Bahía de Cochinos ya no es solo la invasión de los mercenarios, es ahora también, el mar con degradaciones más bien definidas que he visto nunca. Había tres franjas que contrastaban unas con otras, como si una pared marítima las dividiera en el fondo, para que los colores de la paleta no se ligasen.

Charly en algún momento dijo: cómo sería esto cuando el Girón, bum bum. Ambos hicimos los sonidos onomatopéyicos pertinentes como niños que juegan a las pistolitas, “Hasta aquí llegaron los mercenarios” decía un cartel, y sentí que los camuflados me habían acompañado hasta entonces, y que después del letrero, los mercenarios se quedaban atrás medio invisibles e inmóviles.

Desde la guagua uno puede imaginar cuán miserable era antes del 59′ la vida del cenaguero, definido así porque no es guajiro, no trabaja la tierra, sino que hace carbón, y caza jutías, cocodrilos, lo que el hábitat de la Ciénaga le ponga a la mesa. Las vacas flacas a uno y otro lado de la carretera eran el testimonio de una ganadería que nunca floreció como en otras zonas de Cuba y que dio espacio a la producción azucarera, a los grandes ingenios, las importaciones de esclavos, para que Matanzas sea ahora mismo el referente más puro si de religión afrocubana se trata.

De eso y más pensaba durante los viajes en la guagua, que nos traía y devolvía, hambrientos y revoltosos a la sede de korimakao, un proyecto del que hablaré en otro post.

Ahora me pongo a pensar y en el tiempo que estuve allí, ni me acordé del zapato, de lo curioso que me parecía cuando niña que la Ciénaga tuviera esa forma tan bien definida. No percibí que estábamos caminando, observando la vida allí dentro, como si me hubiera vuelto chiquitica y me hubiera metido, junto a mis amigos, en los viejos libros de Geografía. Ahora la Ciénaga es otra cosa, es un lugar de Cuba que me duele, y en el que antes no reparaba en lo absoluto más que como un exotismo. Me duelen las cosas que le pasen como si fuera Holguín, porque uno va quedándose en esos lugares, en el Turquino, en el Nicho, y yo no acabo de regresar, como tampoco regresan los trotamundos que me acompañan, y quiero que siempre sea así, quiero quedarme en otros lugares de Cuba, pero con ellos, para que Cuba sea siempre eso: mis amigos.

Un encanto, la Atenas de Cuba

Fotorreportaje: Liudmila Peña Herrera

Agarrar la mochila, pomos con frijoles, bolsas con arroz, aceite y agendas. Hacer “ponina”, como decimos en Cuba, cuando recogemos dinero entre todos para un objetivo u objeto común, agarrar el tren o cualquier medio de transporte disponible y encontrarnos en el punto señalado…

Eso hemos hecho un grupo de blogueros y twitteros cubanos por nuestra propia cuenta y con el noble empeño de amistarnos más, compartir experiencias y conocer mejor nuestro país. No nos quedamos en las ciudades a admirar desde la tranquilidad y la comodidad del  hombre citadino, las bellezas de Cuba. Nos vamos a las lomas, a los montes, como aquellos barbudos de ayer, ahora no a libertar a la Patria, sino a pensar juntos cómo contribuir a que nuestro socialismo sea mejor.

No les dejo fotografías nuestras, sonrientes y entusiastas, sino algunas de las que capturé mientras las bellezas naturales y las riquezas de la historia nacional encantaban mi lente y emocionaban mis palabras.

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Uno de los objetos expuestos en el Museo de Girón, donde ocurrió el ataque mercenario y la posterior victoria del pueblo cubano

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Vista de la ciudad de Matanzas

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Una parte del proceso de hacer carbón, una de las actividades más frecuentes de los campesinos de la zona.

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En la Cueva de los Peces, el salto del Cisne.

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La Cueva de los Peces es producto del paso del tiempo y los caprichos de la naturaleza. Una cueva a cielo abierto, donde se encuentran peces de mar, pues sus aguas son salobres.

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Una vista del Parque Nacional Salinas de Brito, en la Ciénaga de Zapata

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Los humedales son una de las características definitorias de la Ciénaga de Zapata

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En los humedales pueden encontrarse especies protegidas de la zona, como cocodrilos y flamencos.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. EL INAGOTABLE ORLANDO dice:

    40, 000 mil milicianos derrotaron a mil cuatrocientos exiliados cubanos que componian la brigada 2506 y hemos tenido que estarles oyendo el cuento Ji Ji ji ji millones de veces como si hubieran ganado la batalla del arco del Kursk que cambio el curso de la II Guerra Mundial.

    1. mepiamo dice:

      Como se burlaban de Batista por repetir a menudo la Batalla del Hotel Nacional.

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