Conversación en Mulgavia*

Por Miguel Luna en ¨Caracol de Agua¨
En una conversación bizantina entre colegas de la prensa uno dijo que los problemas encontrados en la práctica periodística no debían ser publicados en Internet, porque las soluciones no estaban en ese espacio. Otro, tan conservador como su colega,  dijo que las cuestiones domésticas eran para la casa, nada de trapitos al sol, porque las consecuencias no serían buenas para el que se atreviera a salirse de los límites. Nicanor, uno de esos buenos reporteros que todavía prestigian la profesión, replicó que el buen periodismo no puede tener esas fronteras, pues pareceríamos un jardín florido en el ciberespacio donde todo lo que ocurre es color rosa.
La conversación subió de tono, pero todos llegaron a una conclusión: construir un país virtual, sin parecerse al hombre real era poco creíble, por eso nuestros vacíos informativos lo ocupan medios que no tienen relación con los oficiales. ¿Cómo se las agencian las personas para leerlos?, la pregunta fue unánime, pero sólo uno se atrevió a decir lo que pensaba: el cimarronaje. En los paquetes que semanalmente se venden en los cibercafé caseros vienen todo de tipo de textos, nadie escapa al placer de leerlos y eso no puede controlarse. 
Uno de ellos puso ejemplos de periodistas que escriben críticas sabiamente elaboradas en sus páginas personales en Internet, que influyen sobre elementos decisores del país, y gracias a ellos, se originan cambios de arriba abajo, de mucha intensidad para la solución de los problemas. Pero nuevamente alguien se encargó de recordar que Internet no era para publicar críticas, sino lo positivo de la sociedad. Hacerlo era darle armas al enemigo. El silencio reinó. Cambiar ese modo de escribir llevaría tiempo y mártires, pero: ¿quién se encargaría de poner las cosas en su justo lugar?
Con aquellas dudas en la cabeza, los reporteros concluyeron que mejor sería cumplir lo establecido y esperar que alguien de arriba decidiera por ellos, la vida se vivía una sola vez y no era recomendable saber por dónde entraba el agua al coco, ni porqué la gallina ponía huevos de oro.

*País inventado por el escritor cubano Abel Prieto en su novela Viajes de Miguel Luna. 

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