¿Quedarse o largarse?

Publicado: 14 abril, 2017 en Cuba

Tomado de La Esquina de Lilith

Quedarse es que un buen día alguien te pregunte por qué no te fuiste, y es preguntarse uno mismo qué hubiera pasado si lo hubieras hecho. Ese si condicional que es padre de los absurdos y de la incertidumbre por lo que nunca llegó a ser, no por falta de oportunidades, no porque quisieras demostrarle nada a nadie, solo porque así lo quisiste.

Quedarse es una decisión, y las decisiones tienen consecuencias. Implica una vida sin aparentes desarraigos a la que, no obstante, se le han ido fugando las raíces, así que tienes la principal pero igual te faltan las periféricas, porque mientras decidiste quedarte se va casi toda tu familia, tu mejor amiga, el vecino de toda la vida, media docena de amores, el muchacho aquel que un día te juraste que besarías sí o sí….

Es tragarte la lengua cuando tienes ganas de quejarte con tus socios de ultramar del salario, de que tienes más de treinta años y lo más cerca que has estado de un país extranjero es viajar a esos sitios de Guantánamo que alguien bautizó como Jamaica, Honduras, El Salvador, Nueva York…, porque sabes que vendrá un te lo dije, y no tienes intención de discutir.

Quedarse es extrañar lo que amas de Cuba sin irte a ninguna parte, y tener el mismo corazón partido en dos del emigrante, porque un país no es solo la tierra y la arquitectura, un país es el aroma de lo que amas, los viajes que hiciste, las personas que encontraste en el camino, y mucho de eso a estas alturas ya no existe.

Quedarse es vivir entre dos aguas, entre la realidad que amas y la que odias, midiendo las palabras y los actos, escogiendo con cuidado los emotions, qué compartes en Facebook, qué te gusta, qué te entristece, qué te indigna…, porque te observan, te juzgan, y lo sabes.

Permanecer en Cuba es corroborar que las personas que se van nunca serán los mismos, o casi nunca; es acostumbrarse a las morales elásticas y las transformaciones radicales, y convencerte de que la coka cola del olvido existe.

Quedarse es asistir como espectadora a un enorme teatro de sueños incumplidos, ver a la periodista que emigró porque decía no caber dentro de la política de los medios oficiales en un combinado cárnico y a la promesa de la música sentada para siempre en una línea de producción en serie, y a pesar de ello ser incapaz de definir, a ciencia cierta, el sentimiento de ocasión.

Quedarse es vivir la violenta dicotomía de trabajar exactamente en la rama que estudiaste, pero tener que hacer maromas para llegar a fin de mes, y no juzgar a quien prefirió hacer cualquier otra cosa, pero tiene la casa que no tienes, el carro que no tienes y la seguridad monetaria que tú ni siquieras puedes imaginar.

Quedarse es soñar un país mejor a pesar de todos los malos augurios, a pesar de que la economía amaga pero casi no avanza, y por tanto muchas veces tener que soñar a solas, y luchar a solas.

Es ver cómo se rompen las predicciones de quienes juraron que te irías, y verlos partir un día, desde el lado de adentro de los aeropuertos.

Quedarse es un decisión, y como toda decisión tienes que vivir con ella. No es más fácil que largarse. Quedarse, a veces, también puede ser una grandísima mierda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s