Posts etiquetados ‘cuento’

(((Cuento)))

La esperamos
para pellizcarle con nuestras
bocas su cuerpo, porque se fue
un día dejándonos su única flor;
y dicen que hoy viene,
entre muchas y con muchas flores.
“LOS GUAYACONES”

  ALEJANDRINA, la poza y yo.

Por Emelicio Jacinto Vázquez Tamayo

 Yo estaba parado aquí mismo en esta piedra grande y vi como Alejandrina se me perdió entre aquella loma y la otra que es por donde se mete el río y por donde coge el camino que ella debió seguir. Pero ya debía ir lejos, porque bien sabía yo que ese caballo era veloz y  porque el miedo que ella llevaba en el pecho se le bajaba aprisa por todo el cuerpo hasta llegarle a las espuelas y que de ahí se le cruzaba para la panza del animal y enseguida se convertía en sangre y carrera.

 Ahora me alegro de estar sentado aquí en esta piedra que tiene la mitad dentro del agua, desde donde estoy mirando esos guayacones que se meten por entre el lino verde que parece irse siempre con el agua y está siempre en el mismo lugar. Y me alegro, porque quiero que se ahogue ese otro que está ahí debajo; porque ahora me da por pensar que entre mucha gente habría que repartir la culpa si algo malo le hubiera pasado a Alejandrina. Yo sé que parte de la culpa la tiene ese que está mojado y que tiene sus ojos puestos en los míos. Aunque de todas formas no hubiera tenido  mucho de qué arrepentirme, porque aquí los padres fueron muy malos, se las arreglaban  nada más con doblarles el forro del machete o con hacerles marcas de soga en todo el cuerpo a sus hijos, como le hacía el padre de Alejandrina, que la ponía  a bailar la suiza.

 Y después, la contra, era ir por aquel farallón que está más arriba del cafetal grande a buscar un haz de leña; porque allí hay mucho Carbonero y el Carbonero arde muy bien. Y si no, pasarse el día con  un cubo en la cabeza de la casa al río y del río a la casa, subiendo y bajando, subiendo y bajando.

Pero un día, un día su padre pagó bien cara la gracia, porque él, con la hebilla del cinto, sin querer o queriendo, le hizo una herida en la cara, que, por cierto, ahora se le ve muy bien la cicatriz, porque le atraviesa la ceja izquierda y le forma un arquito como si fuera una luna en cuarto menguante. Ella, entonces, le robó la hebilla y me la trajo. Me dijo que la cuidara, porque eso costaba caro y porque era muy vieja, más vieja que el padre de su padre. La hebilla es dorada y tiene un caballito blanco y brillante en el centro, parado en dos patas y haciendo así como un relincho.

Después sí que la cosa se puso mala, porque su padre la anduvo buscando para entrarle a machete y me buscó a mi también  para hacerme lo mismo, pero con más rabia todavía.

Lea el final en La esquina del invitado

Finalmente La Chiringa de Cuba abre sus puertas a “La esquina del invitado”, un espacio añorado por el editor de este blog desde hacía mucho tiempo y que gracias a talentosos amigos hoy por primera vez se echará en pleno vuelo.

En lo personal, no espero más de este nuevo espacio que lograr en alguna medida una nueva forma de comunicar, de ser portavoz, de descifrar los impensables talentos ocultos de muchísimos cubanos que hasta hoy carecen de oportunidades en los medios o de espacios para dar a conocer sus legítimas obras. Pretendo sea esta, sin temor a equivocarme, la oportunidad de publicación on line de todos aquellos que alguna vez han sido víctimas de la burocracia editorial, de la falta de influencias con determinado poder, de la carencia de recursos financieros para promover sus obras o sencillamente de la falta de esos recursos para sobornar a quien a coste de descubrir nuevos talentos, mancillan el arte y la cultura pertrechados tras la vana extorsión. Sean bienvenidas entonces a esta esquina, la expresión narrativa, la poesía, la pintura, la escultura, la música, el audiovisual, en fin, todas las manifestaciones artísticas que han quedado empolvadas en gavetas o en lugares inhóspitos donde lejos del olvido, aún pueden ser recuperados el virtuosismo y talento del cubano de a pie.

 Carlos Alberto Pérez Benítez

“La Chiringa de Cuba”

 Nota al lector: El que cuente con algún material o conozca a alguien que lo posea y desee que este sea publicado, puede escribir o enviar sus trabajos a chiringadecuba@gmail.com.¡Muchas Gracias!

 ((((Cuento))))

 Pino del agua o El nombre.

 -Esta es una historia inspirada en una experiencia real-

Por Rosa R. Cubela

Pino del agua, sí, sí eso mismo ¿qué dónde está? ¡qué sé yo!, lo único que te sé decir es que  bien lejos, y que no puedo desvincular las putas de ese lugar. Nunca nadie podrá imaginarse lo que eso significaba, de solo mencionar PI… ya le entraban a uno escalofríos y hasta cagalera te daba. Si por casualidad una de aquellas putas reivindicadas te llevaba ante un superior o superiora, mejor dicho, porque sola mirabas a una niña, y digo niña pero ya eran mujeres bien formaditas, te mandaban para la corte y de ahí a PI… Uno que estaba entrando en plena pubertad, pues tu sabes el alboroto, pero de eso nada, la beca era peor que una unidad militar. Por lo menos en las unidades militares no habían hembras, pero allí las veía pasar con sus kepis, sus pelos largos, sus medias hasta las rodillas, con sayas hasta las medias, bien planchadas y limpias, porque si una de las putas menos putas, que eran las maestras, por  supuesto reivindicadas, notaba una arruga, pues a la corte y de la corte a PI…no iba nada.

Continuar lectura en: La esquina del invitado

(más…)