Posts etiquetados ‘La esquina del invitado’

Por Leonardo Padura Fuentes

Un hombre, en la azotea de su casa, fuma con la vista perdida en un punto impreciso, lejano, quizás dentro de sí mismo a juzgar por la concentración con que observa. Apenas presta atención al cigarro que consume, absorto en su contemplación o, tal vez, meditaciones. Da una última calada al cigarro y, con gesto preciso, casi elegante, dispara al aire la colilla, propulsándola con sus dedos. La colilla, convertida por este vuelo final en un “cabo de cigarro” va a aterrizar en la terraza de los vecinos, junto a otras dos que ya había lanzado el pensativo fumador de la azotea.

A juzgar por el modo en que el hombre ha lanzado hacia su último destino la colilla del cigarro, se diría que lo ha hecho sin conciencia de su acto. Y tal conclusión sería acertada. El hombre, al subir a la azotea, no pensó por un instante en llevar consigo un cenicero, aunque no habría olvidado nunca sus cigarros y la fosforera. Como mismo lanzó el “cabo” hacia la terraza de los vecinos pudo haberla tirado en su propia azotea, pero como le gusta tanto el gesto de alejar de sí el resto final del cigarro, ha puesto en práctica su bien aceitada habilidad de colocarlo sobre el dedo pulgar y dispararlo con el índice. El hombre, en última instancia, ha actuado mecánica, irreflexiva, espontáneamente al enviar las colillas hacia la terraza de los vecinos: en dos palabras, lo ha hecho sin pensar demasiado y como si no le importara su acto ni sus consecuencias.

Pero el fumador de la azotea no ha estado en realidad tan absorto. Cuando más concentrado parecía estar en sus cavilaciones, de vez en cuando sus pies se han movido rítmicamente y sus labios han reproducido el sonido que, dos casas más allá de la suya, proyecta a todo volumen un reproductor de audio que regala a sus propietarios la melodía (es un decir) de un fañoso reguetón. Esos vecinos, cada día, a cualquier hora encienden el reproductor y disfrutan ostensiblemente de la música (es otro decir) del reguetón de moda.  Seguir leyendo

Finalmente La Chiringa de Cuba abre sus puertas a “La esquina del invitado”, un espacio añorado por el editor de este blog desde hacía mucho tiempo y que gracias a talentosos amigos hoy por primera vez se echará en pleno vuelo.

En lo personal, no espero más de este nuevo espacio que lograr en alguna medida una nueva forma de comunicar, de ser portavoz, de descifrar los impensables talentos ocultos de muchísimos cubanos que hasta hoy carecen de oportunidades en los medios o de espacios para dar a conocer sus legítimas obras. Pretendo sea esta, sin temor a equivocarme, la oportunidad de publicación on line de todos aquellos que alguna vez han sido víctimas de la burocracia editorial, de la falta de influencias con determinado poder, de la carencia de recursos financieros para promover sus obras o sencillamente de la falta de esos recursos para sobornar a quien a coste de descubrir nuevos talentos, mancillan el arte y la cultura pertrechados tras la vana extorsión. Sean bienvenidas entonces a esta esquina, la expresión narrativa, la poesía, la pintura, la escultura, la música, el audiovisual, en fin, todas las manifestaciones artísticas que han quedado empolvadas en gavetas o en lugares inhóspitos donde lejos del olvido, aún pueden ser recuperados el virtuosismo y talento del cubano de a pie.

 Carlos Alberto Pérez Benítez

“La Chiringa de Cuba”

 Nota al lector: El que cuente con algún material o conozca a alguien que lo posea y desee que este sea publicado, puede escribir o enviar sus trabajos a chiringadecuba@gmail.com.¡Muchas Gracias!

 ((((Cuento))))

 Pino del agua o El nombre.

 -Esta es una historia inspirada en una experiencia real-

Por Rosa R. Cubela

Pino del agua, sí, sí eso mismo ¿qué dónde está? ¡qué sé yo!, lo único que te sé decir es que  bien lejos, y que no puedo desvincular las putas de ese lugar. Nunca nadie podrá imaginarse lo que eso significaba, de solo mencionar PI… ya le entraban a uno escalofríos y hasta cagalera te daba. Si por casualidad una de aquellas putas reivindicadas te llevaba ante un superior o superiora, mejor dicho, porque sola mirabas a una niña, y digo niña pero ya eran mujeres bien formaditas, te mandaban para la corte y de ahí a PI… Uno que estaba entrando en plena pubertad, pues tu sabes el alboroto, pero de eso nada, la beca era peor que una unidad militar. Por lo menos en las unidades militares no habían hembras, pero allí las veía pasar con sus kepis, sus pelos largos, sus medias hasta las rodillas, con sayas hasta las medias, bien planchadas y limpias, porque si una de las putas menos putas, que eran las maestras, por  supuesto reivindicadas, notaba una arruga, pues a la corte y de la corte a PI…no iba nada.

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