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Escribir sobre Cuba es todo un reto, mucho más en tiempos tan inciertos como los que corren hoy en día. Sobre el tema estaré reflexionando próximamente, básicamente sobre algunas reacciones que he percibido estas dos últimas semanas, donde a muchos no les ha gustado para nada mis análisis sobre ciertos temas.

Pero eso es harina de otro costal, por ahora les dejo este interesante texto que versa sobre el tema, y que si bien no concuerdo con todo su contenido, me parece muy valiente y necesario reflexionar sobre algunos de los argumentos aquí expuestos.

A @Alvarez_Tur las gracias por el detalle.

¡Que lo disfruten!

Carlos Alberto Pérez
La Chiringa de Cuba


Los círculos cerrados de erudición

Por Juan Manuel Alvarez, publicado en el blog Mi Cuba 2012 y cedido por el autor a “La Chiringa de Cuba”

Desde Cuba se escriben textos que pueden ser catalogados como “fuertes” o, si se quiere, “subversivos”, críticos algunos desde la militancia revolucionaria (sin filiación oficial)para con ciertos rasgos de nuestro modelo social actual, sus carencias e incluso sus desidias. Tres autores imprescindibles que desembocan a mi entender en dicha tendencia son Julio César Guanche, Fernando Martínez Heredia y Aurelio Alonso. Sus textos son publicados (en ocasiones por editoriales extranjeras de acuerdo a la coyuntura económica actual) pero no logran incidir en el erial intelectual de una gran parte del pueblo de Cuba (puede rasgarse las vestiduras).

En ocasiones, el cubano simplemente no tiene tiempo para la filosofía, la lectura. El trabajo y las duras realidades objetivas que obligan a un ejercicio perenne de supervivencia lo justifican. Sin embargo, existe también cierta tendencia a pensar que las estructuras políticas y gubernamentales en general no instan o promueven con voluntad el encuentro del pueblo con los discursos intelectuales heterodoxos, herejes, libres y vacunados contra el atroz adoctrinamiento. El ejercicio intelectual crítico queda, por tanto, limitado a un círculo cerrado de erudición que transita por publicaciones como la Revista Temas y Espacio Laical y que termina representando al pueblo como un punto lejano, casi inalcanzable por su escaso diámetro.

Para que ningún lector “ortodoxo” comience a rasgarse las vestiduras propongo la siguiente interrogante: ¿Cuándo una Mesa Redonda tendrá el rimbombante título “Las ideas de libertad, igualdad y democracia en el pensamiento contemporáneo” con su necesario y perentorio aterrizaje en la realidad cubana? A veces la Mesa Redonda sabe a “Pan y Circo”. No distrae la atención con alimento o show alguno, pero le habla al pueblo más de Damasco que de La Habana. ¿Por qué? (más…)

mesas Por Manuel Mons, especial para “La Chiringa de Cuba”

Cuando el 16 de diciembre de 1999 se realizó la primera transmisión en Cuba de la “Mesa Redonda”, con motivo del regreso del niño Elián a su país, (que si bien recordamos en sus inicios de redonda no tenía nada), los cubanos nos sentimos orgullosos de aquel programa televisivo de alcance internacional cuyo propósito era dar a conocer el deseo de la mayoría del pueblo cubano hacia el mundo entero. Historia algo parecido a la leyenda del rey Arturo, quien se sentaba con sus caballeros alrededor de una mesa redonda para a analizar y encontrar soluciones a los problemas de su reino. Pero en honor a la verdad, y queriendo ser ante todo sincero, debo decir que para esa fecha, cuando apenas yo tenía 10 años, el “novedoso programa” se tornó bastante molesto para mí por horario que ocupaba en la programación televisiva, pues precisamente ocupaba el espacio de los tan esperados muñequitos, de ahí que no lo soportara.

Cierto es que hoy en día el programa ha ganado un merecido prestigio internacional, pero sin embargo, contradictoriamente en el país son contadas las veces en las que un joven como yo se sienta frente al televisor en el horario de su transmisión, y esto responde precisamente a que el programa ha cambiado su estrategia informativa desviándose de los necesitados temas nacionales a los cacareados conflictos internacionales, que si bien no dejan de ser importantes por formar parte de todo el acontecer noticioso al que todos tenemos derecho, nos es menos cierto que el pueblo cubano lo que necesita a todas voces es que se reflexione, se analicen, y se lleven a la punta de la picota los tantísimos problemas internos de nuestro país, los cuales continúan siendo desplazados diariamente, echando por tierra aquel ideal por el cual comenzó a ser transmitido un día el mencionado programa de TV. Para que se tenga alguna medida de lo que aquí se plante, a continuación algunos de los más comunes títulos:

· Hoy en la Mesa Redonda “Documental Túpac Katari”

· Hoy, en la Mesa Redonda: Momentos latinoamericanos.

· Wikileaks: Nuevas revelaciones sobre el imperio y sus aliados.

· Retransmitirán mesas redondas y reportaje de Telesur

· Hoy, en la Mesa Redonda: Documental Imperio y Derechos Humanos.

· El mundo a mitad de semana: Los sucesos en el Medio Oriente.

· La guerra de las potencias imperiales.

· Las elecciones en España.

· El desempleo en los Estados Unidos.

Siendo así, es evidente que han sido dejados en el olvido los temas que a los cubanos realmente nos interesan, como pudieran perfectamente ser el insuficiente salario, la cadena de consecuencias negativas que acarrean la dualidad monetaria en Cuba, los altos precios en las tiendas y de algunos servicios, el tan “necesario” mercado negro, etc. Pero sin embargo, ninguno de estos temas ha asomado jamás la punta de la nariz en los debates y análisis de los especialistas invitados a este espacio.

Para finalizar solo una reflexión: la “Mesa Redonda” tiene la oportunidad de convertirse en el programa televisivo de mayor teleaudiencia en el país. Primero por su horario estelar, precisamente cuando la mayoría de los cubanos ya están de descanso en casa; y segundo por la capacidad analítica de sus especialistas, por lo bien moderada que está siempre que Randy o Arleen lleven la batuta, (Oliver ni comentario merece), pero lo más importante de todo, porque es ese el espacio y lugar para traer a colación las problemáticas que nos atañan a todos los cubanos, y no se trata de hacerse un haraquiri televisivo, sino de tomar de una vez y por todas el caballo por las riendas antes de que es su desbocada carrera, podamos perder por siempre el camino a la verdad y transparencia.